{"id":1465,"date":"2024-11-07T20:26:52","date_gmt":"2024-11-07T19:26:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=1465"},"modified":"2024-11-07T20:53:41","modified_gmt":"2024-11-07T19:53:41","slug":"vispera-del-dia-de-muertos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=1465","title":{"rendered":"V\u00edspera del d\u00eda de muertos"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-bottom\" style=\"grid-template-columns:75% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"591\" height=\"889\" src=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/muertos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1466 size-full\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/muertos.png 591w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/muertos-199x300.png 199w\" sizes=\"(max-width: 591px) 100vw, 591px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-small-font-size\">Tom\u00e9 esta fotograf\u00eda de una ilustraci\u00f3n callejera en la isla de Janitzio en un d\u00eda de muertos de 2006.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A Rosario<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los&nbsp;<em>Santos<\/em>&nbsp;de este a\u00f1o no deber\u00eda pasarlos recluido en casa. A no ser por la pandemia, me encontrar\u00eda en M\u00e9xico cumpliendo un compromiso acad\u00e9mico. No ser\u00eda la primera vez que la fiesta del d\u00eda de muertos me cogiera en un pa\u00eds que teme tanto a la muerte que sus habitantes alivian el miedo ri\u00e9ndose de ella. Es bien conocida la vistosidad de las calles engalanadas con calacas al viento y el ambiente festivo que se respira en los cementerios, donde no faltan compa\u00f1\u00edas de mariachis amenizando a pie de tumba las cenas familiares. Siempre me ha emocionado la espiritualidad y a la vez el sentido festivo con que los mexicanos viven una celebraci\u00f3n tan l\u00fagubre para el resto de la humanidad. Porque durante estos d\u00edas, el m\u00e1s all\u00e1 se aproxima tanto al m\u00e1s ac\u00e1 que terminan confundi\u00e9ndose en los espacios dom\u00e9sticos.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay casa en M\u00e9xico en la que no se monte un altarcito para recibir el alma de los difuntos que, fieles a su cita anual, acuden para disfrutar en compa\u00f1\u00eda de sus familiares los manjares que les tienen preparados. Al menos eso es lo que creen y lo que nos dicen. Las comidas que m\u00e1s gustaban al finado son cuidadosamente colocadas en el altar junto a su fotograf\u00eda y objetos personales, mientras se tiene la precauci\u00f3n de dejar en el escal\u00f3n de la casa un vaso de agua para que las almas que ya no tienen familia puedan aplacar su sed en su errante caminar.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue hace unos a\u00f1os, en una velada de difuntos como la de hoy, cuando una docente de la universidad que me acog\u00eda me cont\u00f3 la historia de un extra\u00f1o encuentro que tuvo en la v\u00edspera del d\u00eda de muertos. Esta es noche tambi\u00e9n de narraciones familiares, que se desatan a ciertas horas, cuando las copitas de mezcal se tornan copiosas, cuando se inflaman los recuerdos de aquellos que tan fugazmente retornan cada a\u00f1o. Escribir su historia ha sido mi distracci\u00f3n durante una noche de confinamiento. Y conste que no es un cuento, que la escuch\u00e9 como cosa que ciertamente pas\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u2013ooOoo\u2013<\/p>\n\n\n\n<p>Hora tras hora, rondaban las once cuando la profesora y su hijo andaban a\u00fan recorriendo los callejones colindantes a la plaza mayor buscando alojamiento para pasar la noche. No era empresa f\u00e1cil encontrar habitaci\u00f3n aquella noche. La ciudad estaba ocupada por una muchedumbre que como fervientes peregrinos se desplazan cada a\u00f1o por el d\u00eda de muertos para asistir a los ritos del lago de P\u00e1tzcuaro. Ellos tambi\u00e9n ven\u00edan a lo mismo, en cumplimiento de una promesa que la profesora hab\u00eda hecho a su hijo en su \u00faltimo a\u00f1o de liceo: \u201c<em>si apruebas el graduado, te llevar\u00e9 a Janitzio por la fiesta de difuntos, visitaremos la tumba de tu bisabuelo Severino<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed deb\u00edan estar ya, si no fuera porque una aver\u00eda en el autob\u00fas retras\u00f3 m\u00e1s de cuatro horas su llegada. Con ello perdieron la reserva del hotel y las ganas de bajar al embarcadero, donde seguro que estar\u00eda toda la gente, intentando coger una trajinera para ir a la isla m\u00e1s visitada en M\u00e9xico en la noche de difuntos. Agotada de tanto preguntar, sin apenas ganas de cenar, la profesora hizo un alto y se sentaron en un puesto de fritanga a reponer fuerzas con unas quesadillas y un refresco. Todo hac\u00eda presumir que aquella noche la iban a tener que pasar al raso. No hac\u00eda fr\u00edo, pero una lluvia suave amenazaba con humedecer a\u00fan m\u00e1s el ambiente enmohecido por el rumor del lago. Los soportales de la plaza estaban tomados por los comerciantes que resguardaban los grandes fardos de mercanc\u00edas que a otro d\u00eda pondr\u00edan a la venta. Un buen sitio para dormir, pens\u00f3 la profesora. Algunos vendedores eran familias pur\u00e9pechas y campesinos que dorm\u00edan al amparo de sus mercader\u00edas. Seguro que no les importar\u00eda darles cobijo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Pregunten en la Hoster\u00eda del Elote, puede que all\u00ed les acojan<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La fritanguera, una mujer rechoncha y cetrina con una gruesa trenza que le afirmaba la espalda como una columna salom\u00f3nica, interrumpi\u00f3 las incertidumbres de sus \u00fanicos clientes sin dejar de voltear las tortillas de ma\u00edz. Lo dijo as\u00ed, sin que le preguntaran, suponiendo que nadie que tuviera un sitio donde cobijarse estar\u00eda all\u00ed a aquellas horas. La profesora not\u00f3 un cierto deje de fatalidad en la forma en que lo dijo, y a pesar de todo le dio las gracias mientras le a\u00f1ad\u00eda unos pesos de propina por la informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La hoster\u00eda se encontraba en las afueras de la ciudad, en el camino que baja al embarcadero. Recordaba haberla visto en otras ocasiones, un viejo edificio colonial pintado de blanco y adintelado con piedra tosca que ocupaba una esquina muy pronunciada. Llegaron caminando y tomaron habitaci\u00f3n. Aunque algo viejo, todo parec\u00eda aseado y la joven que atend\u00eda era una persona agradable. Resultaba raro que a\u00fan tuviese habitaciones libres, estando tan a la vista de los visitantes, pero no eran horas de hacerse preguntas. Mientras la profesora ordenaba la ropa en el armario, el chico jugaba con la hilera de insectos que transitaban por el suelo en un ir y venir sin aparente sentido desde la l\u00e1mpara de pie hasta la ventana colindante que daba al jard\u00edn. Se estaba bien all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Ma\u00f1ana conocer\u00e1s la tumba de tu abuelo Severino<\/em>&nbsp;\u2013anunci\u00f3 la profesora-.&nbsp;<em>Dicen que muri\u00f3 como un h\u00e9roe defendiendo la revoluci\u00f3n, en una batalla tan cruel y sangrienta que oscureci\u00f3 las aguas del lago<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e1zquaro en pur\u00e9pecha significa te\u00f1ido de negro. Los tarascos que le pusieron el nombre algo se barruntar\u00edan sobre lo que hab\u00eda de pasar all\u00ed con el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Era apenas un muchacho que hab\u00eda sido arrancado de los brazos de su mujer, casi reci\u00e9n desposados, para perseguir un sue\u00f1o<\/em>&nbsp;\u2013continu\u00f3 la madre-.&nbsp;<em>No alcanz\u00f3 a conocer a su hijita, tu abuela, que nunca dej\u00f3 de acudir a Janitzio a poner unas flores en la tumba de su infortunado padre. Ahora que ella falta tambi\u00e9n, somos nosotros quienes debemos mantener su memoria<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La velada acontec\u00eda m\u00e1s triste de lo que ella hab\u00eda planeado, ilusionada por llevar a su hijo de la misma manera que su mam\u00e1 le llev\u00f3 a ella desde peque\u00f1a a vivir ese momento m\u00e1gico del encuentro con sus antepasados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Me apena mucho que no hayamos podido estar en el cementerio al tiempo del toque de la campana, que a estas horas anuncia la llegada de las almas<\/em>&nbsp;\u2013los ojos de la profesora se humedecieron por momentos-.&nbsp;<em>Es la primera vez que nadie acude a recibir a tu bisabuelo Severino. Ma\u00f1ana no m\u00e1s le contaremos lo que ha pasado y seguro que se pondr\u00e1 muy contento de conocer a su guapo biznieto<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las \u00e1nimas andaban ya demasiado revueltas a aquellas horas de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Tendidos cada uno en su cama, madre e hijo hubieran prolongado su pl\u00e1tica durante horas, evocando las viejas historias de la familia. Mas la jornada hab\u00eda resultado agotadora y a los pocos minutos les venci\u00f3 el cansancio. Y apagaron la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre tardaba en conciliar el sue\u00f1o y not\u00f3 que su hijo se mov\u00eda en la cama de una manera inquieta. No escuchaba la respiraci\u00f3n densa y acompasada que sol\u00eda tener en las primeras horas de sue\u00f1o, por lo que supon\u00eda que tambi\u00e9n estaba despierto. Era normal, siempre hab\u00eda tenido una cierta dificultad para dormir en camas extra\u00f1as. En eso le hab\u00eda salido a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>No hac\u00eda fr\u00edo, pero la humedad del lago se dejaba notar en el olor tostado que desprend\u00edan las viejas paredes de la hoster\u00eda, impregnadas desde hace siglos de la bruma constante que sub\u00eda desde las aguas estancadas. Era una noche opaca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Qu\u00e9 pena no haber podido asistir al desembarque de los dolientes del lago<\/em>\u201d, pens\u00f3 la profesora mientras imaginaba en la oscuridad el impresionante espect\u00e1culo de las lanchas iluminadas con lamparillas de aceite, acerc\u00e1ndose al muelle de Janitzio desde los confines de las islitas que pueblan el lago. Las familias ind\u00edgenas acuden masivamente aquella noche a llevar sus abalorios al cementerio de la isla, donde reposan los restos de sus antepasados. Les llevan cuencos con sus comidas favoritas, si fumaban, su marca de tabaco, vasitos con tequila y sangrita y su platico de sal y lima. Acarrean canastos enteros de flores de cempas\u00fachil&nbsp;para alfombrar la tumba, iluminada por mosaicos de titilantes velorios. Puesto que las almas de los difuntos hab\u00edan de acudir aquella noche, bueno era que tuvieran todo lo necesario para sentirse bien, compartiendo con sus familias aquello que m\u00e1s les gustaba en vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda pasado un buen rato y cuando ya se encontraba a duermevela, la profesora not\u00f3 como un cuerpo se deslizaba sigilosamente dentro de su cama, roz\u00e1ndole la espalda con la tibieza de un reptil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Hijo, \u00bfest\u00e1s bien?<\/em>&nbsp;\u2013susurr\u00f3 cari\u00f1osamente, evocando una escena que no se repet\u00eda desde hac\u00eda tiempo, desde que su hijo hab\u00eda dado la \u00faltima crecida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero su hijo no respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>\u00bfEst\u00e1s bien, hijo m\u00edo?&nbsp;<\/em>\u2013insisti\u00f3 elevando tenuemente la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>S\u00ed, mam\u00e1. \u00bfY t\u00fa?, \u00bfest\u00e1s bien?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>S\u00ed, cari\u00f1o, du\u00e9rmete<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras de la profesora atravesaron la habitaci\u00f3n como un sordo alarido. La voz del joven no se oy\u00f3 al otro lado de su cama, como hubiera esperado, sino en la cama de al lado, en la que segu\u00eda acostado.<\/p>\n\n\n\n<p>La espalda de la profesora se estremeci\u00f3 como si estuviera rozando un t\u00e9mpano de hielo, aterido y duro como una efigie de m\u00e1rmol. Su cuerpo qued\u00f3 paralizado, no se atrev\u00eda a moverse ni a deslizar sus dedos para no descubrir la forma de aquello que, estaba segura, compart\u00eda su lecho. El miedo le paraliz\u00f3 la raz\u00f3n y no pens\u00f3 ni un momento en encender la luz para desvelar el horrendo misterio que ahora ahogaba su respiraci\u00f3n. Y mucho menos pens\u00f3 en pedir auxilio a su hijo, que parec\u00eda a salvo de aquella congoja. Soportar\u00eda sola y en silencio aquella presencia, la ignorar\u00eda mientras no causase perturbaci\u00f3n, dejar\u00eda impasible que las horas desvanecieran las tinieblas, y all\u00ed estar\u00eda ella para hacer frente a lo que quiera que fuese aquello, si es que decidiera hacer algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por incre\u00edble que parezca, la profesora termin\u00f3 sucumbiendo al peso de la noche y entr\u00f3 en un profundo sue\u00f1o. Cuando los primeros reflejos del amanecer inundaron t\u00edmidamente la habitaci\u00f3n con su halo dorado, la mujer abri\u00f3 desesperadamente los ojos para notar con alivio el vac\u00edo en su cama, a la vez que ve\u00eda a su hijo pl\u00e1cidamente acurrucado en el lecho de al lado. Todo estaba en su sitio y como deb\u00eda de estar. A veces los primeros sue\u00f1os arrebatan a nuestro subconsciente ilusiones adulteradas que nos hacen perder por momentos la perspectiva de la realidad. Dicen que las pesadillas del primer sue\u00f1o son las m\u00e1s azarosas y dif\u00edciles de olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora tocaba madrugar para bajar pronto a la d\u00e1rsena y coger las primeras barcazas hacia la isla de Janitzio. Hab\u00eda que asistir al espect\u00e1culo del amanecer en el lago, cuando los pescadores tarascos extienden sus extra\u00f1as redes, como alas de mariposas que se deslizan en las aguas quietas y sembradas de nen\u00fafares, alteradas estos d\u00edas por el ir y venir continuo de visitantes de cementerios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y all\u00ed que anduvieron como unos turistas m\u00e1s la profesora y su hijo. Atravesaron el arco de enramados por donde aquella noche transitaron los difuntos en su anual encuentro con los de este mundo. Visitaron la tumba del bisabuelo Severino, alfombrada con p\u00e9talos de cal\u00e9ndula, y el biznieto le dej\u00f3 el trago de mezcal al que dec\u00edan era aficionado. Luego comieron pan de muerto y una calavera de az\u00facar con su nombre inscrito en la frente, mientras reposaban a la sombra de la gigantesca estatua de Morelos que corona la isla. Y emprendieron el regreso con su correspondiente esqueleto de papel mach\u00e9, recuerdo de aquel inolvidable d\u00eda de muertos en Michoac\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>El autob\u00fas zarandeaba los pasajeros en un vaiv\u00e9n sopor\u00edfero que pronto convirti\u00f3 la cabina en un improvisado dormitorio. El trasnoche y una jornada agotadora adormec\u00edan las pocas energ\u00edas que a\u00fan quedaban. El joven comenzaba a bostezar cuando su madre le embozaba con una cobija.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Has dormido poco esta noche<\/em>&nbsp;\u2013dijo la profesora-,&nbsp;<em>otra vez extra\u00f1aste la cama<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven qued\u00f3 pensativo, no era eso lo que le perturbaba. De pronto su rostro despert\u00f3 y mir\u00f3 fijamente a su madre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013&nbsp;<em>Mam\u00e1, \u00bfpuedo decir algo?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Claro que s\u00ed, mi hijo<\/em>&nbsp;\u2013condescendi\u00f3 tiernamente la profesora.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Sabes, mam\u00e1, que anoche pas\u00e9 miedo&nbsp;<\/em>\u2013la voz del joven temblaba por momentos-.<em>&nbsp;No me atrev\u00ed a decirte nada. Pero durante mucho rato me pareci\u00f3 sentir una sombra negra que estaba junto a tu cama.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejar un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tom\u00e9 esta fotograf\u00eda de una ilustraci\u00f3n callejera en la isla de Janitzio en un d\u00eda de muertos de 2006. A Rosario Los&nbsp;Santos&nbsp;de este a\u00f1o no deber\u00eda pasarlos recluido en casa. A no ser por la pandemia, me encontrar\u00eda en M\u00e9xico cumpliendo un compromiso acad\u00e9mico. 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