{"id":1544,"date":"2026-07-26T07:42:27","date_gmt":"2026-07-26T05:42:27","guid":{"rendered":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=1544"},"modified":"2026-07-26T07:42:27","modified_gmt":"2026-07-26T05:42:27","slug":"el-pilar-de-la-ermita","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=1544","title":{"rendered":"El pilar de la Ermita"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/rtoro1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1545\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/rtoro1.jpg 1024w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/rtoro1-300x225.jpg 300w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/rtoro1-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El pilar de la Ermita en los a\u00f1os 90, a la entrada de B\u00e9lmez de la Moraleda<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-brown-color has-text-color has-medium-font-size\">En lo antiguo, era frecuente que un abrevadero con su surtidor de agua diera la bienvenida al caminante que entraba en poblado. Por eso en la Moraleda hab\u00eda un pilar en las <em>Cuevas<\/em> y otro en la <em>revuelta del Toro<\/em>, como gasolineras ecol\u00f3gicas para surtir de fresco combustible a criaturas y bestias. Mi ni\u00f1ez la tengo asociada al encumbrado recodo que el caminante encontraba tras pasar los <em>Asperones<\/em>, pues cuando viv\u00eda en la <em>casa de Romero<\/em>, frente a la vieja iglesia, era la estampa cotidiana que contemplaba desde mi cuarto: un escarpado terrapl\u00e9n sobre el barranco, coronado por un pil\u00f3n blanco y, m\u00e1s arriba, una buc\u00f3lica ermita camuflada entre la vegetaci\u00f3n. Con el tiempo vari\u00f3 mi perspectiva y al mudarnos a la <em>casa de Julio<\/em> continu\u00e9 contemplando desde su azotea los cambios que sucesivamente se ir\u00edan produciendo en el entorno del pilar y la ermita.<\/p>\n\n\n\n<p> Siempre se me ha antojado que estos pilares deb\u00edan de sentirse orgullosos del preciado servicio que prestaban. Antes de la llegada de las tartanas, el viajero que arribaba al pueblo por la avenida que en lo antiguo llamaban del <em>Visillo<\/em>, agradec\u00eda poder refrescarse en el pilar mientras contemplaba a su frente la amalgama de casas desparramadas desde el <em>collado del Paso<\/em> hasta el <em>Nacimiento<\/em>, como si un vendaval las hubiera amontonado all\u00ed caprichosamente. No era el caser\u00edo blanco que vemos ahora, sino unas construcciones terrosas que parec\u00edan haber emergido del propio suelo, r\u00fasticos muros de tapial rematados por sobrias techumbres de retama. La iglesia y el colindante ayuntamiento eran los \u00fanicos edificios que utilizaban teja \u00e1rabe para sus cubiertas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace mucho tiempo, el pilar y la ermita estaban a la misma altura, configurando un asiento de refresco que agradec\u00eda todo el que llegase a pie o en caballer\u00eda tras remontar la empinada <em>cuesta del Prado<\/em>. Pero \u00bfcu\u00e1ndo se construy\u00f3 este humilladero a la entrada principal del pueblo? Tenemos que remontarnos a las medianer\u00edas del siglo XIX, y fijarnos en un joven del vecindario llamado <em>Juan Rodr\u00edguez de Le\u00f3n<\/em>, de temperamento algo enfermizo y de oficio barbero sangrador. Este muchacho era uno de los pocos que sab\u00edan leer y escribir a pesar de su origen campesino, y de siempre tuvo una cierta inclinaci\u00f3n a las cosas de iglesia. Primero como ac\u00f3lito, luego como ayudante de sacrist\u00eda y, tras una permanente disputa con el sochantre de la parroquia, se hizo con el cargo de sacrist\u00e1n, que simultane\u00f3 con el de organista y fabricano.<\/p>\n\n\n\n<p>Es posible que fuese como acto de desagravio o por su especial devoci\u00f3n al <em>Santo Cristo de la Expiraci\u00f3n<\/em> que decidi\u00f3 erigirle una ermita frente al pilar caminero. Corr\u00eda el a\u00f1o 1863 y entre que pidi\u00f3 permiso al obispo para construirla y su inauguraci\u00f3n transcurrieron casi nueve meses, una particular gestaci\u00f3n de este devoto solter\u00f3n para la que invirti\u00f3 todos los ahorros que sus exiguas rentas parroquiales le procuraban. El templo se hizo de mamposter\u00eda, con cinco varas de largo por tres de ancho. Algo m\u00e1s de diez metros cuadrados de nuestro tiempo. En la tarde del dos de septiembre de dicho a\u00f1o, todo el vecindario se desplaz\u00f3 al flamante oratorio extramuros de la villa para asistir a la solemne bendici\u00f3n que con arreglo al ritual romano hiciera el can\u00f3nigo de Ja\u00e9n don <em>Francisco Civera<\/em>, desplazado a la Moraleda para tal fin por comisi\u00f3n del se\u00f1or obispo.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda en los a\u00f1os setenta se conservaba casi al completo la nave original. En un tiempo en que habit\u00f3 la casa adosada mi <em>t\u00eda Esperanza<\/em>, yo la sol\u00eda frecuentar y recuerdo la sobriedad de ornamentos en una penumbra que impon\u00eda el respeto de lo sagrado. Lo contrario del alegre y luminoso huerto que ten\u00eda en las traseras, donde a\u00fan se hac\u00edan visibles las trazas de la vereda original. &nbsp;Un castigado asiento de piedra en su orilla debi\u00f3 ser testigo de tantos caminantes que aliviaron sus cansancios antes de entrar en el pueblo por una nueva calle que a partir de entonces pas\u00f3 a llamarse <em>de la Ermita<\/em>. La gran transformaci\u00f3n urban\u00edstica de los a\u00f1os setenta dio al traste con la ermita, cuya nave fue demolida para ampliar la vivienda, dejando solo el camar\u00edn, \u00fanico resto que hoy podemos contemplar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho antes, la llegada de los primeros coches oblig\u00f3 a rebajar unos metros el trazado de la nueva calzada para llanearla con el <em>puente del Arroyo<\/em> y, aunque se armaron otra vez pilar y abrevadero, a partir de ahora y de manera creciente iban a verse ciertamente ninguneados por los estridentes transe\u00fantes motorizados. Aquellas primeras tartanas eran como orugas marcando las sendas del progreso, con m\u00e1s ruido que velocidad. Y si no que le pregunten a la <em>t\u00eda<\/em> <em>Nicasia<\/em>, aquella en\u00e9rgica viuda de talle enjuto y enlutado, que asomaba por la revuelta a cuestas con su esport\u00f3n de yerba para los conejos, que cada tarde recolectaba en los humedales de la <em>fuente de los Civiles<\/em>. Y contaban que cuando alg\u00fan ch\u00f3fer la alcanzaba caminando por la carretera y apiad\u00e1ndose de su pesada carga le invitaba a subirse al estribo del coche, como era costumbre en aquel tiempo, ella respond\u00eda lac\u00f3nicamente: \u201cno, que tengo prisa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>pilar de la Ermita<\/em>, desde su privilegiado balc\u00f3n, ha sido un fiel testigo de las testarudas transformaciones de la modernidad. Recuerdo un pl\u00e1cido atardecer de mi ni\u00f1ez en que un estridente furg\u00f3n se detuvo en aquella asonadilla para anunciar su llegada al vecindario con un ins\u00f3lito montaje de m\u00fasicas y refulgentes luminarias, que atrajo a la chiquiller\u00eda como un flautista m\u00e1gico. Aquella vaticinadora estrella polar se par\u00f3 en la plaza, frente a la <em>tienda de Frasquito<\/em>, desde donde un at\u00f3nito vecindario pudo contemplar el derroche de tecnolog\u00edas que la perturbadora camioneta mostraba en su abierto interior: televisores de diferentes tipolog\u00edas conectados a la vez, cuando en el pueblo pocos ten\u00edan alguno en casa; tocadiscos, radios y transistores a pilas de distinta gama batallando por ofrecer la banda m\u00e1s seductora; frigor\u00edficos y neveras que luego supimos que lo eran para enfriar las cosas. Mientras los de la plaza est\u00e1bamos fascinados con aquel inaudito alarde de electrodom\u00e9sticos, los primeros que acudieron en masa al pueblo, estoy seguro que el <em>pilar de la Ermita<\/em> qued\u00f3 entristecido pensando en el incierto devenir que aquello auguraba: que las teles y las radios dar\u00edan al traste con las tertulias vespertinas de las vecinas que acud\u00edan a su chorrillo a colmar sus c\u00e1ntaros y botijos con su limpio elixir, que ahora refrescar\u00edan en aquellos armarios luminosos. Y ya habr\u00eda tomado conciencia de que cada vez eran m\u00e1s motores que bestias los que transitaban por all\u00ed, y que tarde o temprano, pasar\u00eda a ser, como tantos compa\u00f1eros que desaparecieron con el tiempo, tan solo una imagen para el recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list has-small-font-size\">\n<li><em>Sochantre<\/em> era el encargado de dirigir los c\u00e1nticos en la iglesia. <\/li>\n\n\n\n<li><em>Fabricano<\/em> era el administrador de las cuentas de la parroquia.<\/li>\n\n\n\n<li>La <em>T\u00eda Nicasia<\/em> existi\u00f3 y se la recuerda por la energ\u00eda que mostraba a pesar de su edad.<\/li>\n\n\n\n<li>En tiempos pasados era muy frecuente que algunas casas tomaran el nombre de quienes las habitaron, como la <em>Casa de Romero<\/em>, que nunca supimos quien fue. <\/li>\n\n\n\n<li>Hasta el siglo XIX los <em>barberos<\/em>, adem\u00e1s de rapar barbas, tambi\u00e9n hac\u00edan sangr\u00edas seccionando las venas de los brazos, hasta que con el tiempo se abandon\u00f3 esta terapia.<\/li>\n\n\n\n<li>La <em>tartana<\/em> era como se llamaba a los antiguos carruajes tirados de caballos, pero tambi\u00e9n se les llam\u00f3 a los primeros coches, aquellos que arrancaban con una manivela exterior en su morro. Mi padre trajo al pueblo una de las primeras tartanas, que adem\u00e1s ten\u00eda nombre propio, la \u00abItaliana\u00bb. Se le puso el mote  porque ven\u00eda de estar al servicio de una helader\u00eda y a\u00fan quedaban en su carrocer\u00eda restos del letrero \u00abHelados italianos\u00bb. Yo mismo hered\u00e9 el apodo de \u00abItaliano\u00bb con el que se me llamada de ni\u00f1o, hasta que mi padre cambi\u00f3 la tartana por una DKW y se me cambi\u00f3 el alias por el de \u00abGonzalillo\u00bb (el hijo de Gonzalo).<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">Realic\u00e9 este relato para ser le\u00eddo en la actividad cultural <em>Sonidos del agua<\/em>, una visita de los antiguos pilares de B\u00e9lmez de la Moraleda (Ja\u00e9n) programada por el <em>colectivo Torre del Sol<\/em> para el el 28 de julio de 2026.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejar un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En lo antiguo, era frecuente que un abrevadero con su surtidor de agua diera la bienvenida al caminante que entraba en poblado. Por eso en la Moraleda hab\u00eda un pilar en las Cuevas y otro en la revuelta del Toro, como gasolineras ecol\u00f3gicas para surtir de fresco combustible a criaturas y bestias. 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