{"id":499,"date":"2023-02-04T20:33:56","date_gmt":"2023-02-04T19:33:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=499"},"modified":"2023-08-16T14:00:51","modified_gmt":"2023-08-16T12:00:51","slug":"la-vereda-la-comadrona-y-su-nieta","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=499","title":{"rendered":"La vereda, la comadrona y su nieta"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text alignwide is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-bottom\" style=\"grid-template-columns:63% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"659\" height=\"880\" src=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/comadrona.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-500 size-full\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/comadrona.png 659w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/comadrona-225x300.png 225w\" sizes=\"(max-width: 659px) 100vw, 659px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-small-font-size\">Escrib\u00ed este relato para la revista Index en 1998, tras haber realizado un estancia entre julio y septiembre en la Universidad de Tunja (Colombia). \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de las protagonistas un cuarto de siglo despu\u00e9s? \u00bfVivir\u00e1 Virginia? \u00bfD\u00f3nde habr\u00e1 aposentado su familia la joven Natalia? \u00bfQu\u00e9 oficio tendr\u00e1? \u00bfHabr\u00e1 seguido los pasos de su abuela?<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-brown-color has-text-color has-medium-font-size\">Para llegar a la vereda de Santa B\u00e1rbara hay que adentrarse bien en el p\u00e1ramo desde Duitama, en el coraz\u00f3n del monta\u00f1oso y libertario departamento de Boyac\u00e1. Un interminable camino destapado, solo transitable por camperos acostumbrados a la aventura, conduce por valles y barranqueras pedregosas hasta este ramillete de casas arremolinadas en torno a una vistosa capilla doctrinera. La iglesia carece hoy de cura, como la vereda de cualquier otra representaci\u00f3n institucional, si descontamos a Emilce, la joven maestra que no recuerda la \u00faltima vez que le abonaron su soldada.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas una docena de habitantes mantienen viva la vereda, mitad ancianas y ni\u00f1os, ya que la gente que puede producir con los brazos marcharon a los arrabales de Bogot\u00e1 en busca de mejor fortuna. Y todo por culpa de una nueva clase latifundista que viene oprimiendo a los campesinos hasta echarlos de las tierras que con tantos afanes sosten\u00edan a sus familias desde tiempos inmemoriales.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed viven Virginia y su nieta Natalia, que posan bajo el rosal para ense\u00f1arnos su eterna sonrisa. La anciana ha sido la partera de la vereda durante largos a\u00f1os, hasta que se ha quedado sin oficio por falta de mujeres que puedan parir. Por all\u00ed anda gateando tras su abuela Leonor el peque\u00f1o Mauricio, que es el \u00faltimo al que ayud\u00f3 a nacer con esos brazos que exhibe arremangados. Dice que aprendi\u00f3 el oficio de muy joven, con un droguero de la ciudad, por eso conoce bien los cocimientos de yerbas que aliviaban el parto o evitaban los entuertos. El ramo, la manzanilla dulce, la yerbabuena, la panela, toda su farmacopea la obtiene en el per\u00edmetro de su peque\u00f1o rancho. Agua tibia hervida, una cucharada de miel de ca\u00f1a y una estampa de Mar\u00eda Auxiliadora, y a parir, que aqu\u00ed sol\u00edan hacerlo de pie para no tener que tirar del ni\u00f1o, como hacen en los hospitales.<\/p>\n\n\n\n<p>Menos mal que el droguero le ense\u00f1\u00f3 otras cosas adem\u00e1s de a partear, y por ello ha sido requerida desde otras veredas para curar males de ojos, de manos o de pies, y hasta para ni\u00f1os que son muy recholones. Virginia tiene 64 a\u00f1os y es muy consciente de que su saber ha caducado, que tarde o temprano tendr\u00e1 que dejar la vereda, posiblemente cuando su sonriente nieta alcance la edad de trabajar y sea requerida por sus padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un proceso inevitable: los ancianos permanecen en sus casas mentaliz\u00e1ndose, mientras cr\u00edan a sus nietos lejos de la inseguridad de los barrios pobres de la ciudad, donde se concentran los campesinos desplazados. Aunque al final todos saben que van a compartir un mismo destino, es cuesti\u00f3n de tiempo. <em>Manuel Amezcua<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Camino destapado<\/em>: carretera sin asfaltar.<br><em>Campero<\/em>: veh\u00edculo todoterreno.<br><em>Droguero<\/em>: farmac\u00e9utico o vendedor de productos farmac\u00e9uticos.<br><em>Entuertos<\/em>: dolorosos espasmos que aparecen tras el parto.<br><em>Nueva clase latifundista<\/em>: eufemismo para designar los cultivos asociados al narcotr\u00e1fico.<br><em>Vereda<\/em>: divisi\u00f3n territorial que comprende asentamientos rurales dispersos.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:15px\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de la #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejarme un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n\n\n\n<p><br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrib\u00ed este relato para la revista Index en 1998, tras haber realizado un estancia entre julio y septiembre en la Universidad de Tunja (Colombia). \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de las protagonistas un cuarto de siglo despu\u00e9s? \u00bfVivir\u00e1 Virginia? \u00bfD\u00f3nde habr\u00e1 aposentado su familia la joven Natalia? \u00bfQu\u00e9 oficio tendr\u00e1? \u00bfHabr\u00e1 seguido los pasos de su abuela? 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