{"id":519,"date":"2023-02-06T20:55:45","date_gmt":"2023-02-06T19:55:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=519"},"modified":"2023-08-16T13:55:54","modified_gmt":"2023-08-16T11:55:54","slug":"un-peregrino-hacia-el-tibet","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=519","title":{"rendered":"Un peregrino hacia el Tibet"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text alignwide is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-bottom\" style=\"grid-template-columns:63% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"350\" height=\"471\" src=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/tibet.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-520 size-full\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/tibet.jpg 350w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/tibet-223x300.jpg 223w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-small-font-size\">Escrib\u00ed este relato para la revista Index en el a\u00f1o 2000, comentando una fotograf\u00eda de Antonia Carricondo que realiz\u00f3 en su viaje al Himalaya y que me regal\u00f3 pidi\u00e9ndome la apoyase con un texto en funci\u00f3n de lo que libremente me sugiriese. En sus notas me dec\u00eda del protagonista: \u00ablleva un largo viaje a pie, ha aparecido de improviso con cuatro silenciosos compa\u00f1eros desde la India; en cuanto pase el Nara La, de 4.600 metros, deber\u00e1 abrigarse m\u00e1s frente al abrumador espect\u00e1culo del Tibet. Por el momento, a los que regresamos del Kailash (llevamos una semana de vuelta), pide b\u00e1sica informaci\u00f3n sobre el estado de los collados, intercambia cuatro serenas afirmaciones y nos pide que le saquemos una foto (la m\u00edmica siempre fue el idioma universal)\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-brown-color has-text-color has-medium-font-size\">He aqu\u00ed un hombre y un camino. El hombre es un tipo delgado, esbelto, de buena talla y edad, sus huesudas rodillas y codos y sus brazos y piernas musculosas descubren una complexi\u00f3n atl\u00e9tica, aumentada por la vida rigurosa del eterno caminante. El camino es montaraz y a prop\u00f3sito de bestias adaptadas a las duras traves\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre es de piel morena, enervada y nutrida, que contrasta con un pretendido desali\u00f1o en su aspecto, reforzado por una barba m\u00e1s propia de anciano y su leve indumentaria a base de tules doblados que no podr\u00edan cubrirle al completo. Los ojos, socavados en su semblante serio, lanzan una mirada directa, no exenta de desaf\u00edo, que choca con el suave gesto de su mano, con unos dedos delicados, poco acostumbrados a trabajos rudos. Colgaduras en el pecho y la mu\u00f1eca, a modo de amuletos, introducen una leve dimensi\u00f3n espiritual. <\/p>\n\n\n\n<p>Como todos los caminantes, carga con las pertenencias que le pueden hacer falta para vivir con lo m\u00ednimo: abultados morrales a la espalda, entre los que destacan los cacharros que exhibe entre sus manos, perolas y cazos met\u00e1licos que relumbran como si estuviesen forjados en un metal precioso y que delatan todav\u00eda m\u00e1s la parquedad de medios de su due\u00f1o. Con ellos, el hombre ense\u00f1a su oficio, el de curandero ambulante, por eso los lleva siempre dispuestos ante un improvisado cliente que necesite un cocimiento salut\u00edfero. La naturaleza pone la sustancia y el sanador los cacharros y su ciencia, aprendida de alg\u00fan viejo que hiciera lo mismo que \u00e9l y reforzada cada d\u00eda en la escuela del camino.<\/p>\n\n\n\n<p>El camino es su lugar de trabajo y la esencia de su existencia. Todos los caminos evocan soledad e invitan al caminante solitario, como lo es \u00e9l. Este es un viejo camino de herradura, tan \u00e1spero como el alijar de piedras calizas que se agarran a su ladera, tan espinoso como las espesas brozas que lo delimitan. <\/p>\n\n\n\n<p>Este camino, como casi todos los caminos del mundo, conduce a tierras lejanas, a un horizonte de monta\u00f1as que apenas deja entrever la neblina. El oficio de sanador ambulante tiene eso: discurre por un camino interminable que nunca pasa por el mismo sitio, como la enfermedad que pretende curar, que nunca encontrar\u00e1 en la misma persona. <em>Manuel Amezcua<\/em><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:15px\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de la #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejarme un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrib\u00ed este relato para la revista Index en el a\u00f1o 2000, comentando una fotograf\u00eda de Antonia Carricondo que realiz\u00f3 en su viaje al Himalaya y que me regal\u00f3 pidi\u00e9ndome la apoyase con un texto en funci\u00f3n de lo que libremente me sugiriese. 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