{"id":530,"date":"2023-02-07T19:38:21","date_gmt":"2023-02-07T18:38:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=530"},"modified":"2023-12-22T20:17:58","modified_gmt":"2023-12-22T19:17:58","slug":"el-colico-miserere","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=530","title":{"rendered":"C\u00f3lico miserere"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text alignwide is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-bottom\" style=\"grid-template-columns:71% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"686\" height=\"859\" src=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/mamamaria.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-531 size-full\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/mamamaria.png 686w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/mamamaria-240x300.png 240w\" sizes=\"(max-width: 686px) 100vw, 686px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>La abuela<\/em>, \u00f3leo de Antonio Herv\u00e1s Amezcua<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-brown-color has-text-color has-medium-font-size\">El grito desgarrado y rotundo atraves\u00f3 la puerta cerrada del cuarto y corri\u00f3 despavorido vereda arriba rebotando como un rel\u00e1mpago en los cortijos del valle del Gargant\u00f3n. \u00a1Es el retortij\u00f3n de Mamaluc\u00eda! Esperanza dej\u00f3 de peinar a su hijo, entr\u00f3 en la cuadra y tir\u00f3 del brazo de Raimundo, que dej\u00f3 la cabra a medio orde\u00f1ar para correr juntos al cortijo de su suegra. Desde lo alto del Terrado vio bajando ya a los hermanos Vilorta embutidos en sus pellizas pardas, y al frente al hijo de la Perita, dando grandes zancadas como un saltamontes atolondrado para sortear los regueros que dejaba un temporal que no cesaba desde hac\u00eda semanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho tard\u00f3 en llegar este invierno el c\u00f3lico de la abuela, tanto como las lluvias, pensaba Esperanza mientras se esforzaba en adelantar penosamente por el camino embarrado. Y bien fuertes que aparecieron, mal d\u00eda era aquel para dolencias. Espero que Juan Manuel est\u00e9 aderezando la yegua, dijo a su marido, \u00e9l es matarife y entiende de alaridos, este no tiene espera, si baja pronto a Huelma lo mismo trae a don Hevelio Calisalvo antes que anochezca. Sab\u00eda que en tales circunstancias aquello era asunto de hombres. Hac\u00eda dos d\u00edas que el caz hab\u00eda reventado por la parte que pega al camino, produciendo una penetrante hendidura que lo hac\u00eda intransitable. Las aguas fueron a engordar la crecida del barranco y se llevaron por delante el peque\u00f1o puente de troncos de \u00e1lamo que Raimundo hab\u00eda montado para evitar vadearlo. Hab\u00eda que sacar a la abuela al camino de las Cabritas para que pudiera ser atendida, y hab\u00eda que hacerlo a hombros por los laderos del barranco hasta alcanzar el molino de Gualijar, que era hasta donde pod\u00eda llegar la tartana de don Hevelio Calisalvo, si es que el corpulento m\u00e9dico de Huelma aceptaba acudir en un d\u00eda tan aciago. Los molineros estaban acostumbrados y en un rinc\u00f3n del cuarto del cernedero ten\u00edan puesto un catre donde los inviernos recib\u00edan a los enfermos que por peligro de muerte no alcanzar\u00edan a llegar al pueblo. \u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>En tales angustias encontr\u00f3 Esperanza a Mamaluc\u00eda, ligeramente incorporada en su cama, con el rostro macilento y el pelo desgre\u00f1ado, agarrando desesperadamente con sus manos una mata de toronjil que arrimaba como un crucifijo a su aliento hasta que le ven\u00eda otra arcada, y evacuaba sobre la palangana blanca que sosten\u00eda en su regazo. La abuela siempre hab\u00eda sido desmesurada en lo que a achaques se refiere, pero esta vez sus bramidos estaban m\u00e1s que justificados. Cuando la quebranc\u00eda asomaba, no hab\u00eda m\u00e1s remedio que gritar como una loca y movilizar a todo el mundo, hasta que las manazas de don Hevelio Calisalvo hicieran el milagro de volver las tripas a su sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la nuera limpiaba las mugres de Mamaluc\u00eda y luchaba contra sus espasmos para arreglarle las canas,&nbsp; Raimundo y los hermanos Vilorta terminaron de componer el artificio para trasladarla: con fuertes tomizas ataron a los brazos de la mecedora dos gruesos palos de varear, de forma que varios hombres pudieran sostenerla a la vez. Hasta que se vio embutida en ella, los estremecedores lamentos de la abuela revolucionaron la vida del cortijo, los gatos huyeron del humero y los perros acudieron a la puerta bramando como descosidos sin poder reconocer el peligro del que defender a su due\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperanza puso sobre los hombros de su suegra la toca de lana negra que ten\u00eda reservada para los d\u00edas especiales, y colg\u00f3 de las improvisadas andas un saco de media fanega de salvado. Para que don Hevelio Calisalvo haga las cataplasmas, dijo a su marido. Luego les ech\u00f3 a todos por encima el fardo de la aceituna, al que hab\u00eda hecho cuatro rajas para que pudieran sacar las cabezas, y sobre ellas les puso sombreros de paja forrados de tela de bayeta. Algo les proteger\u00eda de aquella pertinaz lluvia. Y echaron a andar.<\/p>\n\n\n\n<p>El remojado cortejo parec\u00eda una pesada oruga remontando el barranco con la dificultad de un animal herido, gru\u00f1endo a cada paso, sorteando los espinos y pisando los salientes de asper\u00f3n para no patinar por el despe\u00f1adero. Raimundo iba delante guiando los movimientos, luego la abuela, absorta en sus espasmos, y detr\u00e1s los dos Vilortas empujando contra el terrapl\u00e9n. El hijo de la Perita segu\u00eda saltando unos pasos m\u00e1s adelante, afan\u00e1ndose en vocear advertencias que nadie atend\u00eda, no en balde era el que mejor conoc\u00eda este escarpado camino de cabreros, que hac\u00eda varias veces al d\u00eda para llevar y traer recados a las gentes de Polera. En tres ocasiones tuvieron que volver sobre sus pasos debido a los desmoronamientos que provocaba el aguacero. Esperanza no pudo respirar hasta no verlos alcanzar el gallinero, al borde mismo del barranco. Y as\u00ed embadurnados en el lodo rojo del ladero, los vio trasponer por el cerro arriba hasta que los fue desdibujando la bruma h\u00fameda de la tarde. <\/p>\n\n\n\n<p>Tres d\u00edas despu\u00e9s el temporal hizo un gui\u00f1o y consinti\u00f3 que los rayos del sol se recostaran sobre Polera, oreando el barrizal. \u00a1Nena! \u00a1Saca la cabra del fresal! Grit\u00f3 fuera de s\u00ed Mamaluc\u00eda mientras apuntaba con su en\u00e9rgico garrote a su nuera, nada m\u00e1s asomar por la majadera, cogida del brazo de Raimundo, balanceando su cuerpo al andar como el p\u00e9ndulo del viejo reloj de su cuarto, que aunque tarde, siempre daba la hora. <em>Manuel Amezcua<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-off-white-background-color has-background\" style=\"font-size:15px\">Como veo en RRSS que os ha gustado el cuadro, os contar\u00e9 algo sobre su gestaci\u00f3n. Fue pintado por mi primo Antonio Herv\u00e1s Amezcua en uno de aquellos veranos de los setenta que pas\u00f3 en la Moraleda. La retratada es mi abuela Mar\u00eda. La pint\u00f3 en la azotea de nuestra casa familiar, con el tel\u00f3n de fondo de la estela de casas blancas derramadas desde el Paso hasta el Nacimiento. Para la ocasi\u00f3n, mi abuela se puso los brillantes zapatos de los acontecimientos importantes, \u00fanica licencia que pod\u00eda destacar de la negritud de aquellos lutos pertinaces que acompa\u00f1aban a las mujeres de antes a lo largo de su vida. Recuerdo la pesadilla que supuso para ella el posar durante d\u00edas ante la constante mirada de su nieto. Y los esfuerzos que tuvimos que hacer entre todos para entretenerla. Pero, a pesar de todo, el pintor supo reflejar la serena y amorosa quietud con que la abuela trat\u00f3 siempre a toda su prole.<br>Si os interesa la obra de Antonio Herv\u00e1s Amezcua pod\u00e9is visitar su web:&nbsp;<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/hervasamezcua.org\/?fbclid=IwAR0VEdk1am43lzjt7SZUdxu39jCnh_Lh8OZtdpqgQ1sIAoxY-0fRfHdTM_o\" target=\"_blank\">http:\/\/hervasamezcua.org\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:15px\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de la #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejarme un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La abuela, \u00f3leo de Antonio Herv\u00e1s Amezcua El grito desgarrado y rotundo atraves\u00f3 la puerta cerrada del cuarto y corri\u00f3 despavorido vereda arriba rebotando como un rel\u00e1mpago en los cortijos del valle del Gargant\u00f3n. \u00a1Es el retortij\u00f3n de Mamaluc\u00eda! 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