{"id":799,"date":"2023-07-29T21:49:17","date_gmt":"2023-07-29T19:49:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=799"},"modified":"2023-08-16T13:49:50","modified_gmt":"2023-08-16T11:49:50","slug":"la-danza-del-enamorado-y-la-hechicera","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=799","title":{"rendered":"La danza del enamorado y la hechicera"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text alignwide is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-bottom\" style=\"grid-template-columns:63% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"854\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana-854x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-800 size-full\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana-854x1024.jpg 854w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana-250x300.jpg 250w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana-768x921.jpg 768w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana-1281x1536.jpg 1281w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana-1708x2048.jpg 1708w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Murillomujeresventana.jpg 1801w\" sizes=\"(max-width: 854px) 100vw, 854px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-small-font-size\">Escrib\u00ed este relato para el peri\u00f3dico Ideal de Granada (18.X.92), en el que recreo una historia que pudo ser, porque los personajes existieron en la realidad, pero cuya trama es fruto exclusivo de mi imaginaci\u00f3n. He elegido para ilustrarlo el cuadro de Murillo <em>Mujeres en la ventana<\/em>, porque fue pintado en la \u00e1poca que recreo en el relato, y porque es f\u00e1cil imaginar sus picaronas sonrisas en do\u00f1a Ana y la <em>Camacha<\/em>.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-brown-color has-text-color has-medium-font-size\">Entre los papeles de la casa de los Maldonado, nobles se\u00f1ores que fueron de la villa de Noalejo y caballeros notables de la ciudad de Granada, encontr\u00e9 un pliego en cuarto que cuenta la edificante historia de un mancebo y una famosa hechicera, en cuya lectura he gozado tanto que ahora saco a la luz para deleite de otros:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEsto es lo que me sucedi\u00f3 con una mujer llamada Leonor Rodr\u00edguez, por mal nombre conocida como Camacha, viuda no vieja de un labrador montillano, a quien dicen las malas lenguas que torn\u00f3 loco para que no le estorbase en sus hechicer\u00edas. De ellas es maestra consagrada, a tal punto que su casa es cenobio obligado para expiar las turbulencias del amor, a donde lleg\u00f3 una destemplada noche el que, siendo otrora el mayor calavera de Granada, es hoy el m\u00e1s ligado amador que por ella anda penando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Supe de la Camacha compartiendo celda con un su sobrino, tan truh\u00e1n y espadach\u00edn como yo, que gozo de fama de ser el peor de los bastardos de Don Diego Maldonado, pues juntos fuimos prendidos por la justicia cuando escond\u00edamos nuestras verg\u00fcenzas en el cofre de unas mujeres emparedadas a quienes enamor\u00e1bamos desde hac\u00eda tiempo. Este Lope de Bonilla me cont\u00f3 que su t\u00eda hab\u00eda deprendido de joven multitud de hechicer\u00edas de cierto moro sin bautizar con el que andaba echada y del que lleg\u00f3 a saber hasta treinta y cinco conjuros, unos con cerco y otros con palabras, para los que ten\u00eda en su casa abundancia de sapos y salamanquesas muertas y secas, y hasta un alfiler que le hab\u00eda regalado post mortem un familiar desventurado que hab\u00eda dado con su \u00e1nima en el infierno y que empleaba para hacer filtros de amor, aunque bien poco ella lo precisaba, que con solo regalar a sus amigos unas buenas tortas de pan bien refregadas en sus partes le bastaba para ligar sus voluntades. Tal era su empuje.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A\u00f1os despu\u00e9s, cuando la noble estirpe se doblegara ante mi desdichada condici\u00f3n, he buscado al mal Bonilla como a un deudo para suplicarle que, por mor a las frusler\u00edas compartidas, me entrase en el cubil de la Camacha, pues andaba de pocos meses a esta parte con el \u00e1nimo tan abatido que pensaba morir. Y es que ni aceites perfectos ni sangr\u00edas pudieron apagar la pasi\u00f3n que corr\u00eda por las venas del querer, cuando mi se\u00f1ora do\u00f1a Ana Silveira desde\u00f1aba mis cuidados, viendo con pesadumbre y envidia malsana recibir los favores quienes menos lo han menester.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos hermanos portugueses, como dos ganapanes, guardaban de las ansias ajenas a la p\u00e1lida viudita que andaba en las frescas ma\u00f1anas de mayo camino de San Pedro, confundiendo su d\u00e9bil talle con los juguetones ramajes de los sauces de la ribera del Darro, entreteni\u00e9ndose como infanta confiada con las florecillas y las olorosas matas de toronjil, mientras el coraz\u00f3n de este amador desesperado andaba coci\u00e9ndose celoso hasta del leve reflejo de luz que ascend\u00eda lentamente por su delgado cuello para robar una caricia a esos sus labios delicados como filos de coral.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquella noche turbulenta entr\u00e9 como penitente en el jard\u00edn de la Camacha, que era hembra de buenas posaderas y mayor ingenio, que se holgaba ense\u00f1ando las u\u00f1as de \u00e1guila que le hab\u00edan crecido en los dedos coraz\u00f3n de las manos como se\u00f1al inequ\u00edvoca de pacto y alianza con su se\u00f1or de los infiernos, por m\u00e1s se\u00f1as llamado Gayferos. Como ya conoc\u00eda la causa de mis desdichas, la p\u00e9rfida mujer empez\u00f3 por alentarme a ponerles pronto remedio adelantando una escudilla de plata para que fuese soltando algunos doblones, mientras ella comenzaba el ritual curativo. As\u00ed empez\u00f3 hincando sobre un brasero de lumbre un cuchillo colgado de una redomilla con vino y granos de pimienta y una olla con huevos y orinas de una negra y un jarro con un escarabajo dentro que luc\u00eda en su coraza una silla de cera, despu\u00e9s vino a cerner sobre \u00e9l, con un cedazo, sal y c\u00e1scaras de cebollas, para terminar d\u00e1ndome una yerba y una figura de mujer cortada en lienzo que hab\u00eda de colgar en mi casa en una ventana al aire, con todo lo cual hab\u00eda de venir sin dilaci\u00f3n mi enamorada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si muchos fueron los ducados que embols\u00f3 la Camacha, no fueron menos los que gast\u00e9 en albricias por las tabernas del Zacat\u00edn. Aquella noche expuse al fresco mi colgadura con tantas ansias que la hubiera pasado en vela a no ser por las muchas azumbres de vino que llevaba en el cuerpo, cosa que no ocurri\u00f3 en las que siguieron a pesar de la mucha somnolencia que me produc\u00eda el cocimiento de hierbas que la Camacha me hab\u00eda procurado. En pocas semanas la ilusi\u00f3n fue torn\u00e1ndose en desenga\u00f1o, y lo m\u00e1s parecido a mi se\u00f1ora que pas\u00f3 bajo el alf\u00e9izar de la ventana fue cierta putilla vecina m\u00eda que se espantaba por lo desencajado de mi rostro, ahora p\u00e1lido como una huesa que, al asomarme al escuchar sus pisadas, ella confund\u00eda con el de un aparecido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed fue como volv\u00ed a la Camacha a pedirle cuentas, con tanto furor que de haberme topado con el Bonilla le hubiera dado de pu\u00f1adas, pero la muy zorruna es mujer tan instruida en el arte del enga\u00f1o que no solo excus\u00f3 devolverme los dineros porque dijo haberlos gastado en mortajas de pobres muertos y otras obras p\u00edas, sino que se lamentaba de lo muy dif\u00edcil que era mi caso, emplaz\u00e1ndome a visitar a una mora albaycinera amiga suya que, adem\u00e1s de hechizos, dec\u00eda las cosas por venir y acertaba tanto que acud\u00edan a ella gentes de todo el reino de Granada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cont\u00f3 la hechicera mi aflicci\u00f3n a la mora quien, tras recibir sus prebendas y cuando sonaba el toque de \u00e1nimas, sali\u00f3 a un apartado campillejo y con un cuchillo de cachas prietas hizo un cerco en el suelo, meti\u00e9ndome dentro y puestos en cueros los dos h\u00edzome montar con ella sobre una escoba untada de porquer\u00edas, frotando su cuerpo mientras me ense\u00f1aba una oraci\u00f3n que repet\u00ed hartas veces:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Marta la mala, que no la santa,<\/em><br><em>la que los fuegos enciende<\/em><br><em>y los polvos levanta,<\/em><br><em>mi figura tomedes<\/em><br><em>y delante de mi amiga os paredes,<\/em><br><em>de m\u00ed le contad, de m\u00ed le contedes.<\/em><br><em>Marta hermana, tra\u00e9dmela Marta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Luego que salimos a la calle la Camacha me encomend\u00f3 que al d\u00eda siguiente, que era mi\u00e9rcoles, colgase de mi cuello trece velas y habas y garbanzos y entre las once y las doce saliese a la calle con un pie calzado y otro descalzo y buscase tres iglesias que tuviesen sacramento para echar una blanca o un chanfl\u00f3n de limosna en el cementerio de cada una. Despu\u00e9s ir\u00eda a casa de mi se\u00f1ora do\u00f1a Ana sin cruzar palabra con persona alguna y a la altura del portillo trasero saltar la tapia para entrar en el corral y buscar el brocal del pozo donde ocultarme. Al poco rato escuchar\u00eda un estruendo de perros ladradores que es como se presentar\u00eda su se\u00f1or Gayferos, el aposentador mayor de los infiernos, a qui\u00e9n deb\u00eda de invocar gritando <em>\u00a1Gayferos sois!<\/em> para darme a conocer y as\u00ed ser\u00eda tomado con dulzura y llevado a los aposentos de mi enamorada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el \u00e1nimo alienado por los deseos de tenerla, sin sospechar la traici\u00f3n que se cern\u00eda sobre mi cabeza, segu\u00ed como mula de paso las instrucciones de la hechicera, a qui\u00e9n hube de adelantar algunos otros cuartos, de forma que a la noche siguiente me encontr\u00e9 descalzo y al raso sosteni\u00e9ndome con miedo y apuros en el h\u00famedo vac\u00edo de un oscuro agujero. Cuando a poco comenc\u00e9 a sentir porrazos y voces y a notar sobre mi cabeza los alaridos de los canes, me alc\u00e9 invocando a Gayferos para encontrarme, no a afables demonios, sino a los dos infames portugueses que armados de grandes porras hollaron a golpes mi cabeza hasta hacerme caer al vac\u00edo y, despu\u00e9s, sacarme asopado para rematar sus combates llev\u00e1ndome a fuerza de golpes y empellones hasta las c\u00e1rceles del Santo Oficio, a donde llegu\u00e9 como un Jesucristo al monte Calvario.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hoy, desde la cueva de penitencia donde aguardo remediar mis maltrechos cueros para tomar plaza en galeras, he sabido de la burla del traidor Bonilla, el villano, el desalmado, que estando aquella noche al acecho de mi secreta entrada, puso en alerta a los curadores de do\u00f1a Ana, brind\u00e1ndose luego con falsa generosidad a guardar su casa cuando se ausentaron para conducirme preso, con lo que mientras yo era soezmente apaleado, \u00e9l seduc\u00eda a mi enamorada y disfrutaba de los placeres cuya torpe asechanza me ha conducido al incierto destino donde me hallo. Tales son las adversidades de la fortuna.\u00bb <em>Manuel Amezcua<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">Este relato tiene an\u00e9cdota. Cuando lo publiqu\u00e9, envi\u00e9 un recorte a mi buen amigo Juan Eslava Gal\u00e1n con esta dedicatoria: \u00abA mi amigo Juan, en cuyo estilo me inspir\u00e9 para crear esta ficci\u00f3n\u00bb. A\u00f1os despu\u00e9s, en su obra <em>Misterioso asesinato en casa de Cervantes<\/em>, aparecer\u00e1 la Camacha en el cap\u00edtulo 24, \u00abQue trata de los polvos secretos que Do\u00f1a Dorotea compr\u00f3 a la curandera Palazona y de las discretas razones que entre ellas hubo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:15px\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de la #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejarme un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrib\u00ed este relato para el peri\u00f3dico Ideal de Granada (18.X.92), en el que recreo una historia que pudo ser, porque los personajes existieron en la realidad, pero cuya trama es fruto exclusivo de mi imaginaci\u00f3n. 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