{"id":864,"date":"2023-08-18T12:22:56","date_gmt":"2023-08-18T10:22:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=864"},"modified":"2023-08-18T12:22:56","modified_gmt":"2023-08-18T10:22:56","slug":"la-mujer-inquietante-en-el-jaen-barroco","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=864","title":{"rendered":"La mujer inquietante en el Ja\u00e9n barroco"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-off-white-background-color has-background\">Conferencia pronunciada en el Arco de San Lorenzo (Ja\u00e9n), pronunciado el 12 de febrero de 1992 por el Dr. <a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/www.fundacionindex.com\/gomeres\/?cat=79\" target=\"_blank\">Manuel Amezcua<\/a>, presentado por Miguel Ruiz Calvente<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"672\" height=\"347\" src=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/arco.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-865\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/arco.png 672w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/arco-300x155.png 300w\" sizes=\"(max-width: 672px) 100vw, 672px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p>Antes de comenzar lo que promete ser una arenga \u00aba lo marginal\u00bb me gustar\u00eda hacer algunas precisiones sobre los t\u00e9rminos en que se esboza esta conferencia, y sobre el papel de su autor.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera se refiere a la delimitaci\u00f3n espacial. Hablar\u00e9 esta noche del \u00abJa\u00e9n barroco\u00bb y no me referir\u00e9 a la otra cara de esa experiencia est\u00e9tica que en estos d\u00edas se nos muestra en las galer\u00edas de la Catedral, no me referir\u00e9 tampoco a los momentos decadentes que siguieron a un Ja\u00e9n explendoroso que descoya en la historia con un exuberante Vandelvira como adalid. El \u00abJa\u00e9n barroco\u00bb, fruto de mi exclusiva invenci\u00f3n, se aparta de las corrientes intelectuales para prenderse de los hechos cotidianos, all\u00ed donde lo popular, versus &#8216;\u00e9lite&#8217;, se vuelve retorcido y confuso. Un espacio extempor\u00e1neo donde se mueven como en una antigua danza las fuerzas encontradas de la sociedad: lo culto y lo vulgar, lo ortodoxo y lo heterodoxo, lo cient\u00edfico y lo supersticioso, lo \u00e9tico y lo antiest\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>En este mi Ja\u00e9n barroco concurre una extra\u00f1a galer\u00eda de raros personajes que escapan como de un cuento maravilloso para impregnar de enredos los vern\u00e1culos mamotretos: \u00e1nimas revoltosas, demonios danzarines, ciegos embaucadores, escribanos incendiarios, inquietos clerizones y toda una pl\u00e9yade de irreverentes y desalmados que pertenecen a una dimensi\u00f3n desconocida, o tal vez intocable, para la historiograf\u00eda jiennense.<\/p>\n\n\n\n<p>No tengo m\u00e1s testigos que las viejas grajas de la Catedral que fueron presentes en aquellos helaeros inviernos que ocup\u00e9 la celdilla del beato Diego Jos\u00e9 de C\u00e1diz a ver expurgar los legajos reservados del cabildo, porque solo ellas vieron metamorfosearse el aterido cuadril\u00e1tero que alberga la maroma de la torre del esquil\u00f3n en un espacio animado donde acud\u00edan como a la memoria los personajes de una ciudad inquietante, de nuestro Ja\u00e9n barroco.<\/p>\n\n\n\n<p>Como no pod\u00eda ser menos, aquellos apasionantes escarceos por el borde de lo conocido condicionaron mi trayectoria investigadora hasta proporcionarme una cierta fama como amante de las cosas raras, que se ha reforzado con art\u00edculos y otras conferencias con t\u00edtulos tan pintorescos como el de hoy. Por ello aprovecho la oportunidad que me ofrece este ilustre foro para aclarar que, lejos de aspiraciones esot\u00e9ricas, es la b\u00fasqueda de las causas materiales que se ocultan tras la aparente irracionalidad de ciertos comportamientos culturales lo que me ha movido a interesarme por una parcela de la historia jiennense poco atendida o no siempre tratada con el rigor que merece.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho esto, he de decir tambi\u00e9n que tal aventura me ha proporcionado, adem\u00e1s de algunos quebraderos de cabeza, el enamoramiento impertinente de una mujer repleta de claroscuros. O lo que es lo mismo, ha propiciado mi encuentro con una clase de mujeres de azarosa vida e incierto origen que han animado el ambiente adormecido de una ciudad que, como tantas otras, sucumbi\u00f3 a la oleada masificadora de la sociedad avanzada.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta tarde propiciatoria del mes de las \u00e1nimas, me complace invitarles a visionar cuatro diapositivas de esas inquietas mujeres de nuestro Ja\u00e9n barroco, que prevengo pueden herir la sensibilidad de quienes posean una visi\u00f3n simplificada del papel de la mujer en la historia. En esta ocasi\u00f3n lo haremos sin m\u00e1s interpretaciones que las suscitadas en sus conciencias por los aconteceres hist\u00f3ricos que aqu\u00ed se relaten. Estas cuatro im\u00e1genes provocadoras son una muestra demasiado restringida de la variedad de matices de unos posicionamientos feministas embrionarios que denotan el rechazo de unas mujeres, pertenecientes a grupos y clases muy diferentes, a asumir el papel pasivo y secundario que la sociedad les hab\u00eda reservado. Pero en todo caso son testimonios que nos han de llevar obligatoriamente a cuestionar la objetividad de esa historia que nos han ense\u00f1ado cargada de h\u00e9roes y acontecimientos donde el hombre es casi siempre el \u00fanico actor y protagonista.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una, la tapada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 1696 el obispo Brizuela y Salamanca escrib\u00eda una carta al prior de Cabra del Santo Cristo comunic\u00e1ndole un decreto por el que impon\u00eda algunas penas a las mujeres que anduvieran con la cara tapada. Al parecer era esta una costumbre femenina que mortificaba mucho al prior ya que permit\u00eda a algunas mujeres cometer excesos en las ceremonias p\u00fablicas, tanto en las casas particulares como en la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta imagen de la mujer <em>tapada de medio ojo<\/em> en un pueblo de M\u00e1gina enseguida nos hace pensar en la pervivencia de una moda de tradici\u00f3n morisca, pero lo cierto es que fue costumbre prohibida en Espa\u00f1a desde el concilio toledano (1324) por reyes y prelados hasta la ilustraci\u00f3n, y Ja\u00e9n no fue una excepci\u00f3n. Por ejemplo, en Alcal\u00e1 la Real se reglamentaron las procesiones de la Semana Santa <em>para desterrar los abusos de caras tapadas y otras indecencias<\/em>, mientras que en And\u00fajar, donde las tapadas aparecen como una forma de marginalidad, su corregidor se quejaba del exceso de mujeres que de tal guisa andaban pidiendo limosna y les proh\u00edbe el trasiego por la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero fue en la capital donde las tapadas se conviertieron en el martillo de la clase reverente. Conozcamos algunas de sus costumbres y fechor\u00edas. Se echaban a las calles y plazas en el d\u00eda del Corpus y la tarde de su v\u00edspera, as\u00ed como en los pasos de San Blas y San Sebasti\u00e1n, extramuros de la ciudad, en los d\u00edas de la feria y en las fiestas mensuales que se celebraban en algunos conventos al tiempo de sus procesiones, cuando no dentro de la misma catedral.<\/p>\n\n\n\n<p>Vestidas con prendas estrafalarias que ocultaban su identidad, su campo de acci\u00f3n eran las calles y plazas concurridas, donde se paseaban con desenvueltas demostraciones, comprometiendo a los hombres con palabras y acciones provocativas, a las que estos respond\u00edan del mismo tenor que ellas o mucho peor, con lo cual se armaban frecuentes alborotos. Ten\u00edan debilidad por las celebraciones m\u00e1s sonadas, como bodas o bautizos de personas distinguidas, y andaban a la busca de las m\u00e1s solemnes funciones p\u00fablicas, especialmente religiosas, gustando de comprometer a los sacerdotes y dem\u00e1s ministros, incluso a los can\u00f3nigos, con palabras ofensivas a su estado y dignidad, provocando la falta de atenci\u00f3n de muchos de ellos, que se inquietaban estrepitosa\u00admente rompiendo el silencio y decoro propio de la catedral.<\/p>\n\n\n\n<p>Oigamos lo que nos dice el presb\u00edtero don Juan Francisco de Lara del encuentro que tuvo con una tapada:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Estando en una ocasi\u00f3n el que depone con las Vestidu\u00adras Sagradas de Di\u00e1cono en la Nave de Ntra. Sra. de la Capilla, se lleg\u00f3 a \u00e9l una mujer tapada al parecer con una criada y le dixo muchas palabras provocativas, e indecentes, tanto que sin atender a el sitio donde estaba, a las Sagradas vestiduras conque se hallaba, ni al pecado tan grave que comet\u00eda, se le brind\u00f3 con su persona y manifest\u00f3 la casa donde viv\u00eda, y no queriendo hacer caso el testigo, aviendo salido a la calle, despu\u00e9s de concluida dicha funci\u00f3n, le fue siguiendo, diciendo varias proposiciones hasta lo alto de la calle Esparter\u00eda, donde se par\u00f3, y le pidi\u00f3 que por amor de Dios lo dexasse y no le siguiese, que no quer\u00eda inquietarse, ni ofender a la Divina Mages\u00adtad, con lo que se retir\u00f3.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s sonado fue el lance del venerable corregidor Jos\u00e9 de Ayala y Roxas, que por querer impedir esta costumbre solo consigui\u00f3 que las tapadas le tratasen con el mayor vilipen\u00addio, ocurri\u00e9ndole el caso que estando una ma\u00f1ana en la iglesia de San Francisco le derribaron al suelo, le quitaron la peluca y el sombrero y le trataron de <em>vegete<\/em>, con otras consideraciones ofensivas sobre su persona y empleo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mal pod\u00edan los ilustrados jiennenses tolerar aquel mundo popular de gustos y sentimientos exagerados y pervertidos, herencia de nuestro Ja\u00e9n barroco, por lo que en 1751 el gobernador de la di\u00f3cesis prohib\u00eda el esperpento al natural de las tapadas so pena de excomuni\u00f3n mayor y su reclusi\u00f3n, sin distinci\u00f3n de personas, en la Casa de la Galera o Recogimiento de la Santa Vera Cruz por tiempo indefinido.\u00ad Desde entonces pocas mujeres se atrevieron a ocultar su rostro tras el embozo, al menos en p\u00fablico y en tales regocijos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos, la beata<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un notario del Santo Oficio de mediados del XVI, gran conocedor de los secretos de Baeza, en una personal sentencia apuntaba el triple blanco a donde el tribunal deb\u00eda de dirigir sus pesquisas: Baeza es la <em>matriz de los alumbrados<\/em>, los cr\u00eda en la universidad, y adem\u00e1s hay una plaga de beatas. Un nuevo interrogante asalta nuestra curiosidad: \u00bfqu\u00e9 clase de mujeres eran estas beatas que tanto interesaban a la inquisici\u00f3n y adem\u00e1s aparecen vinculadas al estudio de Baeza y a un foco de heterodoxia intelectual como era el alumbradismo?<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ahora pens\u00e1bamos en la beata como la imagen asociada a la mujer virtuosa y c\u00e9libe, que vive con recogimiento, ocupando su tiempo en la oraci\u00f3n y ejercitando obras piadosas. oO al menos as\u00ed lo era en su sentido recto, porque tambi\u00e9n sabemos el sentido peyorativo que aleg\u00f3ricamente se le concede cuando se habla de un tipo de mujeres fingidas que se ejercitan en tratos indecentes y perversos. Quiz\u00e1 estemos hablando dos beatas diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La beata no era una monja, pero profesaba unos votos privados y se colocaba bajo la protecci\u00f3n de un director espiritual. Normalmente se nos presenta como una figura aislada, pero en ocasiones aparece retirada en casas particulares o <em>beaterios<\/em> donde hac\u00eda vida de comu\u00adnidad con otras mujeres de su clase.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa plaga que inundaba Baeza y que Sebasti\u00e1n Camacho en su informe al tribunal de C\u00f3rdoba cifraba en dos mil, eran de las llamadas <em>beatas caseras<\/em>, a diferencia de las <em>emparedadas<\/em>, que despu\u00e9s mencionaremos. A la Inquisici\u00f3n le preocupaba el hecho de que tras los supuestos fen\u00f3menos pseudom\u00edsticos de las beatas estuvieran los alumbrados, una especie de secta espiritual cultivada por los disc\u00edpulos del maestro \u00c1vila. El v\u00ednculo entre unas y otros parece claro, primero porque ellos ejerc\u00edan como sus padres espirituales y segundo porque se descubre, tal como apunta el padre Huerga, en las frecuentes disquisiciones m\u00edsticas de unas mujeres que en muchos casos, sin saber leer, aluden a las doctrinas tomistas y conocen las <em>revelaciones<\/em> de Santa Teresa, permiti\u00e9ndo\u00adse establecer comparaciones con las de santa Catalina de Siena, ilusiones imposibles si no mediasen los cl\u00e9rigos doctos.<\/p>\n\n\n\n<p>A la existencia de alucinaciones se une la relajaci\u00f3n de costumbres entre priores y beatas, murmur\u00e1ndose la existencia de ciertos confesores mozos que andan de unas iglesias a otras para o\u00edr en confesi\u00f3n a las beatas, vi\u00e9ndoseles en posturas poco decentes, con las cabezas demasiado pegadas, sobre todo con las que son beatas mozas y no feas. Se conoce el testimonio de una beata disidente, una tal Catalina de Ar\u00e9valo, que habiendo dejado a su prior se le presentaron otros cl\u00e9rigos de la cuadrilla apret\u00e1ndole para que volviera \u00ab<em>por el amor de dios que estaua el doctor Ojeda para perder el juizio y no pod\u00eda dormir de noche por ver que siendo ella el secreto de su cora\u00e7on se vbiese ydo a confesar con otro<\/em>\u00ab.\u00a0 El <em>negocio de las beatas y los priores<\/em> se convertir\u00e1 en el rompecabe\u00adzas de los inquisidores, que pondr\u00e1 en jaque durante varios a\u00f1os a sucesivas generaciones de autoridades eclesi\u00e1sticas, no escapando a las sospechas ni el propio obispo Sarmiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solo en Baeza hab\u00eda beatas. Xim\u00e9nez Pat\u00f3n sit\u00faa en nuestra ciudad nada menos que cuatro mil beatas caseras y dice que \u00ab<em>perpetua\u00admente se exercitan en oraci\u00f3n, obras de deuoci\u00f3n, y caridad con que se remedian muchas necesidades spirituales, y temporales<\/em>\u00ab. Esta versi\u00f3n parece demasiado benigna si la comparamos con ciertos hechos que tuvieron lugar por ese tiempo en Ja\u00e9n y que vamos a relatar porque as\u00ed conviene a nuestro negocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hab\u00eda se\u00f1alado una beata llamada Mari Romera, de 36 a\u00f1os, como la mujer m\u00e1s santa de las Andalu\u00adc\u00edas, como consecuencia de los arrobos y revelaciones que experimentaba. Era hija espiritual del prior de San Bartolom\u00e9, por nombre Gaspar de Lucas, que hab\u00eda adquirido tambi\u00e9n tanta fama de santidad que no solo el pueblo, sino tambi\u00e9n el propio obispo don Francisco de Sarmiento le ten\u00eda por bienaventurado, siendo fama que era de los alumbrados de Extremadura.<\/p>\n\n\n\n<p>El Lucas confesaba a muchas beatas en Ja\u00e9n, pero entre todas ellas prefer\u00eda a la Romera como la m\u00e1s aventajada. Su oraci\u00f3n era est\u00e1tica y se estaba en ella cuatro o cinco d\u00edas sin comer ni beber, ni acudir a las dem\u00e1s necesidades naturales, llegando incluso a elevarse por los aires. Por orden del Obispo y de la Inquisici\u00f3n le hicieron varias pruebas para saber si era cierto su arrobamiento, como hincarle alfileres de a blanca o darle humo por las narices, mostr\u00e1ndose a todo insensible. Las sospechas cundieron por los peque\u00f1os detalles. Cuando Gaspar de Lucas la visitaba para darle la comuni\u00f3n, la Romera volv\u00eda en s\u00ed de su \u00e9xtasis, adem\u00e1s el prior acud\u00eda siempre de noche y sin acompa\u00f1a\u00admiento, echando a la gente a la calle para encerrarse a solas con su beata. Las envidias de las otras beatas de la ciudad, que ve\u00edan que solo Mari Romera recog\u00eda los aplausos de su estupenda virtud hicieron el resto, siendo finalmente denunciados ambos, beata y prior, y testificados por m\u00e1s de ochenta personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sometidos a tormento, la beata confes\u00f3 la falsedad de sus visiones y endemonia\u00admientos, as\u00ed como que el prior Lucas le hab\u00eda puesto muchas veces las manos en el coraz\u00f3n y pechos a ra\u00edz de las carnes, estando a solas so pretexto de confesi\u00f3n y que algunas veces hab\u00eda llegado a tener poluciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En torno al prior de San Bartolom\u00e9, de generaci\u00f3n de conversos, nieto y biznieto de reconciliados por la ley de Mois\u00e9s, que contaba 46 a\u00f1os al tiempo del proceso, se descubri\u00f3 una verdadera trama de bajas pasiones en las que se mezclan las histerias colectivas con un erotismo encubierto. Tanto \u00e9l como la Romera salieron en auto en enero de 1590, durando tres horas la lectura de su escandaloso proceso, siendo condenados el prior a destierro y reclusi\u00f3n en un convento de la Merced y la beata a servir por toda su vida en el hospital de San Juan de Dios de Granada.<\/p>\n\n\n\n<p>Bastante menos espectacular era la vida de las beatas emparedadas, acogidas a casas particulares o agregadas a parroquias donde, sin regirse por una regla concreta, se compromet\u00edan a hacer vida en comunidad, siendo gobernadas por alg\u00fan patrono y con arreglo a los estatutos aprobados por los fundadores. Como es l\u00f3gico la vida en comunidad no daba pie a que destacasen individualidades. Una beata de Baeza con fama de muy santa y enriquecida de milagros y revelaciones fue recluida con h\u00e1bito de lega en el monasterio de Beas. La priora del convento, bastante harta de los carismas de la novicia le espet\u00f3 un d\u00eda teresianamente: \u00ab<em>Hermana, aqu\u00ed no hemos menester sus arroba\u00admientos, sino que friegue bien los platos<\/em>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas de estas fundaciones eran realizadas como obras p\u00edas por personas que se hac\u00edan sensibles a la problem\u00e1tica de la soledad e indefensi\u00f3n de la mujer al llegar a la vejez. A pesar de todo, para muchas conciencias populares, esta pobre religiosa con reputaci\u00f3n tan ambigua era el \u00faltimo estado al que conduc\u00eda una vida pret\u00e9rita de libertinaje: <em>puta primaveral, alcahueta oto\u00f1al y beata invernal<\/em>, reza todav\u00eda alguna conseja.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tres, la ramera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y esto nos pone en condiciones de abordar la tercera diapositiva. Pasamos de unas personalidades ambiguas a entrar en el paradigma de la marginalidad femenina aceptada por la sociedad. Y es que el oficio m\u00e1s viejo del mundo ha generado posicionamientos encontrados seg\u00fan el terreno ideol\u00f3gico que se pise. El concejo, instituci\u00f3n que recibe por v\u00eda directa las demandas de la comunidad, ha consentido e incluso potenciado con ciertos condicionamientos el ejercicio de la prostituci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El de Alcal\u00e1 la Real de 1568 invert\u00eda doscientos mil maraved\u00eds de los propios de la ciudad en construir una nueva manceb\u00eda que se alejara de una casa de doctrina que pensaba construir la iglesia. Y unos a\u00f1os m\u00e1s tarde el de And\u00fajar gestionaba el cambio de ubicaci\u00f3n de la casa p\u00fablica de mujeres, situada en el centro de la ciudad, para obviar los inconvenientes propios en el paso de las procesiones y el trasiego de personal de los dos hospitales colindantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El estamento eclesi\u00e1stico, por su parte, ha mantenido una actitud mucho m\u00e1s represiva, potenciando unos establecimientos que bien pod\u00edan entrar a configurar el paisaje de nuestro Ja\u00e9n barroco, como eran los recogimientos de mujeres descarriadas. En la capital, la m\u00e1s antigua fundaci\u00f3n de este tipo fue el convento de Santa \u00darsula, de mediados del XVI, realizada por el Obispo Tavera, que la puso bajo la regla de San Agust\u00edn. Al propio tiempo instituy\u00f3 una cofrad\u00eda con el mismo t\u00edtulo para procurar la atracci\u00f3n de mujeres arrepentidas y recogerlas en el colegio o casa de probaci\u00f3n que se edific\u00f3 junto al convento por obra de un bienhechor. El celo de esta cofrad\u00eda no dur\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de medio siglo y desapareci\u00f3 por carecer de limosnas para su manutenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 1613, el Obispo D\u00e1vila compr\u00f3 de la cofrad\u00eda de la Santa Vera Cruz unas casas y Hospital que se dec\u00eda de Santa Ana, en la parroquia de Santa Mar\u00eda, y las restableci\u00f3 para el destino de recogimiento de mujeres erradas. Por este tiempo se instituy\u00f3 una celebraci\u00f3n muy curiosa que ten\u00eda lugar por el tiempo de cuaresma, y que estaba dedicada a las mujeres p\u00fablicas. Era el llamado \u00abserm\u00f3n de convertidas\u00bb, que se celebraba en la iglesia de San Ildefonso el 14 de marzo, conmemorando el d\u00eda de la Conversi\u00f3n de la Magdalena, y que formaba parte de una serie de actos, como el serm\u00f3n y paso de pasi\u00f3n del d\u00eda siguiente en la Coronada, una culminaci\u00f3n de la cuaresma, o una Semana Santa paralela, con un claro sentido doctrinal, en la que se imploraba el arrepentimiento de las pecadoras p\u00fablicas y su cambio de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo interesante de esta celebraci\u00f3n es que era una fiesta exclusiva de mujeres, donde por unos d\u00edas al a\u00f1o conviv\u00edan en un espacio com\u00fan dos estatus antag\u00f3nicos, al menos en teor\u00eda, como la prostituta y la mujer de buena fama, mientras que el papel del hombre quedaba d\u00e9bilmente representado en la arenga que se despachaba desde el p\u00falpito. Como es l\u00f3gico la ceremonia no pod\u00eda estar exenta de tensiones. En la tarde del serm\u00f3n de la Coronada de 1612 todo parec\u00eda transcurrir con tranquilidad hasta que se vio entrar en la iglesia a cuatro mujeres de la manceb\u00eda. Las tres pasaron adelante y la m\u00e1s vieja, una morena prieta de ojos negros encovados con un parche en el labio, se coloc\u00f3 detr\u00e1s de ellas y comenz\u00f3 a alentarles a que tuviesen \u00e1nimo y no se convirtieran, que al terminar la ceremonia hab\u00eda de invitarlas a cenar a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien hab\u00eda avisado de la presencia de estas mujeres al predicador, un fraile calzado del propio convento, pues comenz\u00f3 el serm\u00f3n diciendo que su \u00e1nimo e intenci\u00f3n hab\u00eda sido el de predicar los bienes de la cuaresma por ver si pod\u00eda sacar algunas \u00e1nimas de pecado, pero que all\u00ed estaban algunas mujeres \u00abde la casa\u00bb con las que no hablaba porque estaban muy endurecidas en su pecado, y que ten\u00eda muchas cosas que decirles y que el cielo se las hab\u00eda quitado, ya que entend\u00eda que no les hab\u00eda de ser de ning\u00fan provecho porque estaban condenadas a los infiernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s escuchar estas palabras, la m\u00e1s vieja, en quien algunos conocieron a Mariana la Castellana, se apresur\u00f3 a decir a sus compa\u00f1eras que todo era mentira, pero de una forma que fue o\u00edda por las mujeres que le rodeaban. Aqu\u00ed comenz\u00f3 el desmadre total: una devota la reprendi\u00f3 dici\u00e9ndole que el lugar donde el predicador estaba no era para decir mentiras, contest\u00e1ndole ella \u00ab\u00a1voto a Dios que cojo un chap\u00edn y te arranco la cara!\u00bb, y a otra \u00abvive Cristo que a un a\u00f1o que no me e quitado las u\u00f1as e con ellas le quitar\u00e9 toda esa cara\u00bb. Otras mujeres se volvieron para rega\u00f1arle y ella, si eran viejas les dec\u00eda que eran alcahuetas de sus hijas, y si eran mozas que m\u00e1s putas eran ellas, votando a Cristo a cada palabra que dec\u00eda, menos una vez que lo hizo al sol que las alumbraba, produciendo el consiguiente esc\u00e1ndalo y murmuraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el momento en que le quitaron el velo al Cristo con la cruz a cuestas del altar mayor y viendo que una de las compa\u00f1eras se levantaba para hincarse de rodillas, le tir\u00f3 la Mariana del manto y le volvi\u00f3 a decir que tuviese \u00e1nimo, que no desmayase y que se sentase. Nuevo alboroto, otra mujer le dijo que por qu\u00e9 no se convert\u00eda ella y sal\u00eda de aquel pecado, la morena le insult\u00f3 trat\u00e1ndola de \u00abbachillera\u00bb, dici\u00e9ndole que si no se callaba le hab\u00eda de dar de pu\u00f1aladas con una daga que llevaba, como as\u00ed lo har\u00eda al frailecico, al que amenazaba con cruzarle la cara. El d\u00eda siguiente el provisor eclesi\u00e1stico decretaba la prisi\u00f3n de la Castellana, estando encarcelada durante una semana hasta de su procurador logr\u00f3 demostrar que no era ella la autora de tales desatinos, sino otra llamada Bernarda, que l\u00f3gicamente aprovech\u00f3 el gazapo episcopal para poner tierra de por medio con la justicia jiennense.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde el cardenal Moscoso y Sandoval conced\u00eda indulgencias a quienes hicieran limosna a cualquiera de los recogimientos de la di\u00f3cesis: el de Ja\u00e9n, Baeza o \u00dabeda. Pero no pudieron evitar la decadencia de unos establecimientos donde las recogidas, con las \u00fanicas galas del h\u00e1bito honesto de San Francisco, abandonaban su destino al cuidado espiritual de las superioras de la orden. El De\u00e1n Mazas describe la de Ja\u00e9n a finales del XVIII como una de las casas m\u00e1s pobres de la ciudad, recogi\u00e9ndose en ella tan solo las pobres infelices que mandaban encerrar las justicias seculares.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuatro, la hechicera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pasamos ya la \u00faltima diapositiva, que presenta otro paisaje de la ciudad donde la mujer contradictoria ha desempe\u00f1ado funciones que tienen que ver con necesidades sociales insatisfechas. En esta ocasi\u00f3n, las connotaciones negativas de superstici\u00f3n e ineficacia, propagadas por el poder estableci\u00addo, ofrecen la imagen de un cub\u00edculo ponzo\u00f1oso donde un tipo de mujer de personalidad convulsa, como es la bruja, logra escapar de los desdibujados l\u00edmites de la f\u00e1bula para liderar el secretismo de nuestra ciudad inquietante. Nos adentramos plenamente en el mayor foco de heterodoxia femenina de nuestro Ja\u00e9n barroco.<\/p>\n\n\n\n<p>Personalmente me sit\u00fao en el culmen de mi pasi\u00f3n por la mujer embaucadora, tal vez porque a medida que me he acercado a su forma de ver el mundo me siento identificado en algunos aspectos con ella, o al menos me recuerdan una etapa de mi vida, los a\u00f1os de ejercicio de la enfermer\u00eda rural en un peque\u00f1o pueblo jiennense, donde hube de echar mano en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n a sus t\u00e9cnicas y aliadas para salir medianamente venturoso de los problemas de una clase de gente muy determinada.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sort\u00edlegas, mal\u00e9ficas y adivinas, encantadoras y hechiceras y ligadoras o dadoras de bien querencias<\/em> las llamaban los obispos e inquisidores mientras iniciaban una incesante persecuci\u00f3n que dio con muchas de ellas en la hoguera. <em>Mujeres sabias<\/em> las llamaban la gente del pueblo, que las buscaba como a bienaventuradas y compart\u00eda y encubr\u00eda su trayectoria peligrosa. Como en el caso de la beata, exist\u00edan distintas motivaciones para que una mujer se decidiera a consagrarse al peligroso arte de la brujer\u00eda, y por lo tanto, exist\u00edan diferentes niveles de profesionalizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Primeramente estaban las que desempe\u00f1aban saberes emp\u00edricos que estaban a caballo entre la superstici\u00f3n y el arte de la curander\u00eda. Eran las santiguadoras y ensalmadoras, que frecuentemente ejerc\u00edan tambi\u00e9n de parteras, especieras o drogueras, y cuyo \u00e1mbito de influencia no sobrepasaba el barrio o la peque\u00f1a comunidad. Habitualmente hac\u00edan cruces a la vez que rezaban algunas oraciones o alg\u00fan texto del evangelio, y se acompa\u00f1aban con gestos y ceremonias para curar a los enfermos. Quiz\u00e1 el ejemplo m\u00e1s caracter\u00edstico que podamos poner sea el de la vieja Catalina de Utrera, que viv\u00eda en el callej\u00f3n de la Puerta Noguera, denunciada por un joven pintor, quien, estimulado por la lectura del edicto de pecados p\u00fablicos que tuvo lugar en la catedral en la cuaresma de 1621, la acus\u00f3 de no cumplir con los d\u00edas de precepto, de salir del barrio por las noches y de santiguar para curar de males. Incluso dijo al tribunal las palabras que la santiguadora dec\u00eda cuando curaba:<\/p>\n\n\n\n<p><em>San Pedro y San Juan por un camino van y dixo el Se\u00f1or &#8216;comamos&#8217; y respondieron &#8216;no podemos porque tenemos unas landres en nuestras gargantas que no nos dexan comer ni tragar&#8217; y respondi\u00f3 el Se\u00f1or &#8216;hijos mios comed que como yo aparto la luz de las tinieblas y el agua de la mar sea sano de todo mal de ojo y de enojo, de cuajo y descuajo&#8217;.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La vieja no se present\u00f3 ante el provisor y fue declarada en rebeld\u00eda y excomulgada, sentencia que qued\u00f3 sin efecto pocos d\u00edas m\u00e1s tarde en atenci\u00f3n a su vejez y mucha pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed exist\u00eda una cierta permisividad por los tribunales, que se romp\u00eda cuando entraba en escena la figura del diablo. Y es que el diablo anda por todas partes, como es sabido, pero parece que las mujeres tienen un especial instinto o poder para entenderse con \u00e9l, sobre todo para tratar intrigas amorosas y satisfacer otras pasiones. El diablo se presenta en muchas ocasiones como el brazo ejecutor de los deseos de la hechicera, y a cambio esta se obliga a rendirle culto hasta llegar a la entrega absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>Rese\u00f1emos el caso de una de las hechiceras m\u00e1s famosas de la provincia, una tal Ana de Jodar, vecina de Villanueva del Arzobispo, que gustaba jactarse del poder de sus malas artes. Como en una ocasi\u00f3n en que le tom\u00f3 a una mujer el huso con el que estaba hilando y pendi\u00e9ndolo de la hebra lo conjur\u00f3 invocando los nombres de diablos como <em>Barrab\u00e1s, Satan\u00e1s y Belceb\u00fa<\/em>, nombrando a Do\u00f1a Mar\u00eda de Padilla (la amante de Pedro I el Cruel) y toda su compa\u00f1\u00eda, y con Marta <em>la que los montes salta \/ y los infiernos quebranta<\/em> le mand\u00f3 al huso que anduviese y anduvo, y que se parase y se par\u00f3. En su casa contaba con un variopinto arsenal de materiales a prop\u00f3sito para realizar sus conjuros y hechizos y para atar la voluntad de las personas que quer\u00eda o se le encomendaban. Veamos el contenido del morral de la bruja seg\u00fan aparece en su proceso:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<em>Ten\u00eda vna estampa de sancta Marta en su casa, y otra de N. Se\u00f1ora de Bel\u00e9n, algunas piedras Agatas, muchas diferencias de cabellos de hombres y mugeres; algunos peda\u00e7os de piedra Azufre, y Plomo, y Masa dura, vna figura de hombre de cera, y por el cuerpo atrauesada vna aguja, en el Colch\u00f3n de la Cama, vna estampa de S. Sacramento con las palabras del dulce nombre de IESVS, y en vn rinc\u00f3n dentro de vn Zapato ten\u00eda otra estampa de papel del decendimiento de la Cruz<\/em>\u00bb (1627).<\/p>\n\n\n\n<p>En otra ocasi\u00f3n ense\u00f1\u00f3 ciertas cosas a una mujer por si deseaba matar a su marido y que se fuese secando poco a poco, y a otra que esta enferma le dijo que era de pena por hab\u00e9rsele retirado su gal\u00e1n y subi\u00e9ndose a una cocina alta intent\u00f3 atraerle a base de conjuros, pero todo lo m\u00e1s que ocurri\u00f3 fue un tremendo golpe que dijo lo hab\u00edan producido los doce demonios que la acompa\u00f1aban por no poder con su enamorado, que de no ser sacerdote ya le hubieran tra\u00eddo de cualquier parte del mundo en que hubiera estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace varios a\u00f1os me propuse desentra\u00f1ar algunos aspectos de la vida de las brujas de Ja\u00e9n y para ello hice un breve escarceo estad\u00edstico sobre una muestra de una treintena de casos que hasta entonces conoc\u00eda. En ellos hay un claro predomi\u00adnio de la mujer, m\u00e1s del ochenta por ciento, con edades que oscilan entre los treinta y los cien a\u00f1os, predominan\u00addo el grupo de las primeras. Est\u00e1n represen\u00adtadas por igual las casadas y las solteras, destacando el mayor n\u00famero de viudas y curiosamente aparecen dos beatas, una de ellas emparedada. M\u00e1s de dos tercios fueron procesadas por el Santo Oficio en autos de fe celebrados en C\u00f3rdoba, mientras que el resto lo fueron por el tribunal eclesi\u00e1stico de la di\u00f3cesis de Ja\u00e9n. La acusaci\u00f3n m\u00e1s frecuente fue la de hechicer\u00eda con invocaci\u00f3n de demonios, sigui\u00e9ndole en magnitud las de santiguadoras, alcahue\u00adtas o mediadoras, encomendadoras de cosas perdidas, y menos las de curanderas, adivinas, ensalmadoras, visionarias, nigromantes o sort\u00edlegas. La sentencia m\u00e1s com\u00fan fue la del destierro, que afect\u00f3 a la mitad de las procesadas, siendo muy usada tambi\u00e9n la abjuraci\u00f3n, los azotes y la coroza.<\/p>\n\n\n\n<p>A la vista de estos datos la pregunta obligada es si entonces existi\u00f3 o no la brujer\u00eda en Ja\u00e9n, como en la mayor parte de los pueblos, y la respuesta tambi\u00e9n obligada es que s\u00ed existi\u00f3, pero en un sentido en que los inquisidores y jueces eclesi\u00e1sticos no quisieron o no pudieron comprender. Por supuesto que existieron rituales m\u00e1gicos, cantos invocatorios, ceremonias catal\u00e9pticas y org\u00edas sexuales, y mucho tuvieron que ver en ello los afrodis\u00edacos y alucin\u00f3ge\u00adnos, sobre todo en noches de significaci\u00f3n especial, en relaci\u00f3n con fases de la luna o la posici\u00f3n de los astros, como solsticios y equinoccios. Pero en todas estas manifestaciones m\u00e1gicas no ten\u00eda ninguna participaci\u00f3n la figura de Sat\u00e1n, que era lo que tanto inquietaba a los inquisido\u00adres y que parece claro que fue producto de su invenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta forma termino mi intervenci\u00f3n en esta noche con la esperanza de que estas cuatro diapositivas les hayan arrojado algo de luz sobre el papel desempe\u00f1ado por la mujer inquietante en la historia de nuestro plateado Ja\u00e9n. Personalmente he llegado al convencimiento de que este silencio hist\u00f3rico tiene que ver con el tradicional olvido de los historiadores hacia las cosas populares, y parece claro que esa mentalidad pragm\u00e1tica que caracteriza a la mujer ha condicionado su trayectoria sin apartarse de lo cotidiano. Lo cual no le ha impedido desarrollar un abigarrado e ingenioso mundo alternativo donde poder expresar plenamente desde sus capacidades intelectuales hasta sus apetencias er\u00f3ticas. <\/p>\n\n\n\n<p>Muchas gracias.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>_________________________<br><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-light-orange-color\">C\u00f3mo citar este documento<\/mark><\/strong><br>Amezcua, Manuel. La mujer inquietante en el Ja\u00e9n barroco [Conferencia en el Arco de San Lorenzo, Ja\u00e9n, 12.02.1991]. Casa de M\u00e1gina, 18.08.2023. Disponible en\u00a0<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=856\">http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=864<\/a>. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en el Arco de San Lorenzo (Ja\u00e9n), pronunciado el 12 de febrero de 1992 por el Dr. Manuel Amezcua, presentado por Miguel Ruiz Calvente \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Antes de comenzar lo que promete ser una arenga \u00aba lo marginal\u00bb me gustar\u00eda hacer algunas precisiones sobre los t\u00e9rminos en que se esboza esta conferencia, y sobre &hellip; <a href=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=864\" class=\"more-link\">Seguir leyendo <span class=\"screen-reader-text\">La mujer inquietante en el Ja\u00e9n barroco<\/span> <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-864","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/864","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=864"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/864\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":866,"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/864\/revisions\/866"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=864"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}