{"id":929,"date":"2023-11-01T11:04:23","date_gmt":"2023-11-01T10:04:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fundacionindex.com\/casamagina\/?page_id=929"},"modified":"2024-01-24T11:19:42","modified_gmt":"2024-01-24T10:19:42","slug":"la-mejora-de-la-muerte","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=929","title":{"rendered":"La mejora de la muerte"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"605\" src=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Munch_The_dead_mother_and_the_child-1024x605.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-930\" srcset=\"https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Munch_The_dead_mother_and_the_child-1024x605.jpg 1024w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Munch_The_dead_mother_and_the_child-300x177.jpg 300w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Munch_The_dead_mother_and_the_child-768x454.jpg 768w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Munch_The_dead_mother_and_the_child-1536x907.jpg 1536w, https:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/Munch_The_dead_mother_and_the_child.jpg 1828w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-brown-color has-text-color has-medium-font-size\">Ocurri\u00f3 en aquellos lejanos a\u00f1os en que a un ni\u00f1o todav\u00eda se le pod\u00eda saltar la hiel. Cuando Gonzalillo pod\u00eda pasar las vespertinas horas de M\u00e1gina con sus juguetes en el quicio de la puerta sin temor a ser atropellado por unos coches que a\u00fan estaban por llegar a la Moraleda. La calle del priorato era un hervidero de gentes entretenidas en sus labores cotidianas al son de las campanadas del reloj de la vieja casa consistorial y de las \u00a1buenas tardes!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que bonico est\u00e1s, Gonzalillo! Las alegres hijas de Cagarrache revoloteaban por el barrio como pichones rondando su palomar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Mira qu\u00e9 entretenido est\u00e1 el chiquillo! \u00bfQu\u00e9 quieres que te traiga del pedazo? Era la rechoncha figura del Pat\u00f3n, que caminaba hier\u00e1tico con su enorme espuerta haciendo equilibrios en la cabeza mientras llevaba de reata a su endeble borrico, tan a\u00f1oso como \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Ni\u00f1o no salgas a la calle, no te vaya a pisar una bestia! Do\u00f1a Claudia Pagonabarraga Gastelurrutia sal\u00eda de la casa del cura, su hermano don Alberto, con su imponente figura revestida de pontifical, enca\u00f1onando sus pasos a la sacrist\u00eda de la colindante iglesia parroquial, el particular universo desde donde ejerc\u00eda su ministerio. Los atemorizados chiquillos procuraban guardarse de las majestuosas zancadas de la sacristana y de sus rega\u00f1ones: \u00a1Que viene do\u00f1a Claudia Zapatones!<\/p>\n\n\n\n<p>Pepa la Carbonera tiraba de la mano de su desazonado nieto, camino del callej\u00f3n de la Angelilla, donde la terapeuta del pueblo curaba lo mismo una culebrina, que deshac\u00eda el mal de ojo o pon\u00eda las inyecciones que mandaba don Vicente el m\u00e9dico. Cuando de forma inesperada, al pasar por la puerta de la t\u00eda Eusebia, un alarido rompi\u00f3 la monoton\u00eda de la tarde: \u00a1la mejora de la muerte, la mejora de la muerte!<\/p>\n\n\n\n<p>Las vecinas se apresuraron a acudir al caser\u00f3n para asistir al momento de la despedida. La m\u00e1s anciana de la vecindad llevaba semanas postrada en la cama, empeorando un poco cada d\u00eda, resisti\u00e9ndose a los remedios de don Vicente y a los rezos de la Angelilla. Los \u00faltimos d\u00edas dej\u00f3 de tomar alimento alguno y en aquella ma\u00f1ana perdi\u00f3 el conocimiento, quedando en un estado de reposo acompasado por una leve respiraci\u00f3n estert\u00f3rea.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Felipa, tr\u00e1ele el ni\u00f1o a la t\u00eda Eusebia! La madre de Gonzalillo entr\u00f3 al peque\u00f1o de manera atropellada en el cuarto de la anciana agonizante, que ya estaba rodeada de mujeres, entre cuchicheos y alg\u00fan suspiro de dolor, con el soneteo de rezos apagados, conducidos por don Alberto Pagonabarraga Gastelurrutia, el joven cura de almas que hab\u00eda acudido oportunamente para administrar los santos \u00f3leos.<\/p>\n\n\n\n<p>El peque\u00f1o qued\u00f3 impresionado al ver el estado irreconocible de aquella dulce mujer con la que pasaba tantas horas de compa\u00f1\u00eda desde que ten\u00eda uso de raz\u00f3n. La que le contaba historias fant\u00e1sticas y le hac\u00eda re\u00edr con sus bromas y cosquilleos. La que le alimentaba mientras su madre atend\u00eda a las labores. La que le regalaba con dulces calostros como a un chotillo m\u00e1s de su caba\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>De la antigua cama matrimonial apenas se hac\u00eda notar un min\u00fasculo cuerpo, como un fr\u00e1gil pajarillo en su nido, apenas sobresaliendo una cabecita de semblante cer\u00faleo. Durante una fracci\u00f3n de segundo, la vidriosa mirada de la t\u00eda Eusebia repos\u00f3 dulcemente en el semblante atemorizado del chiquillo. \u00bfUn leve amago de sonrisa? Luego, mir\u00f3 al infinito, abri\u00f3 levemente los labios y dej\u00f3 de respirar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron algunos a\u00f1os hasta que su madre pudo explicar a Gonzalillo lo que fue aquella \u00faltima vez que estuvo con la t\u00eda Eusebia, un recuerdo que evocar\u00eda a lo largo de su vida. Las personas mayores, cuando se van de muerte natural, en las postreras horas de su agon\u00eda, hay un momento en que recuperan por leves instantes la lucidez. Despiertan s\u00fabitamente al mundo de los vivos. Es la mejora de la muerte. Como que se quieren despedir de sus seres queridos. Por eso est\u00e1bamos todos acompa\u00f1ando a la t\u00eda Eusebia, y por eso te llevamos junto a su lecho, porque en aquel instante ella pronunci\u00f3 tu nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br>Los profesionales de la salud somos conscientes de ese momento que popularmente llaman \u00abla mejora de la muerte\u00bb, solo que nosotros le llamamos \u00ablucidez terminal\u00bb cuando se hace presente en los estados comatosos que acompa\u00f1an al proceso de fin de vida.<br>Para ilustrar este relato he elegido la obra de Munch, El ni\u00f1o y la muerte (1899).<br>Si te gustan mis relatos breves puedes encontrar algunos m\u00e1s en la secci\u00f3n #<a href=\"http:\/\/casamagina.fundacionindex.com\/?page_id=476\">TierraVac\u00eda<\/a> de #CasaDeM\u00e1gina. Tambi\u00e9n puedes dejar un comentario con lo que m\u00e1s te haya gustado, te quedar\u00e9 agradecido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ocurri\u00f3 en aquellos lejanos a\u00f1os en que a un ni\u00f1o todav\u00eda se le pod\u00eda saltar la hiel. Cuando Gonzalillo pod\u00eda pasar las vespertinas horas de M\u00e1gina con sus juguetes en el quicio de la puerta sin temor a ser atropellado por unos coches que a\u00fan estaban por llegar a la Moraleda. 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